El Papa anima a ejercer la política con caridad ante el fenómeno mundial de la corrupción

La corrupción en la política es un fenómeno mundial. La aseveración es fuerte. Impactante. Es que parte de los políticos, como manifestó el Papa Francisco en una entrevista el fin semana último al diario italiano Il Messaggero,  con sus conductas la han “devaluado” hasta dejarla “devastada por la corrupción”. Los ejemplos sobran. Están a la vista. Los exponen los Medios ante una sociedad que, a veces,  recibe esas informaciones con una apatía democrática peligrosa que se manifiesta en la resignación.

En la cultura actual es difícil ser honesto en política. Es que lo político está sometido a fuertes influencias contaminantes por las disputas de poder y por sacar provechos personales a costa del Bien Común, y cuando ello ocurre se daña de manera feroz la esencia de la política, que es una ciencia social que debe estar al servicio del hombre y de la comunidad.

La acción en la esfera política, en rigor, exige importantes desafíos en los políticos cristianos y de buena voluntad que en ella se desempeñan. Sobre todo, porque hay un contexto de decadencia moral –como denunció Francisco en la entrevista mencionada- que genera “un ambiente que facilita la corrupción” y que hace que aún aquellos que quieren ejercer la política con honestidad encuentren dificultades y sean fagocitadas por “un fenómeno endémico de diversos niveles”.

Por eso es interesante reflexionar, a fondo, sobre la advertencia que hace Francisco en Evangelii Gaudium sobre los peligros de caer en las tentaciones del “pesimismo estéril”, que pretenden mostrar como una presunta utopía la invitación que hace Jesús a vivir de manera comprometida. Y ese es el aliento que transmite el Papa de modo especial a quienes se desempeñan en política o aspiran a hacerlo, cuando expresa en la Exhortación Apostólica que la política “es una de las formas más preciosas de la caridad”. El testimonio de muchas personas de bien, así lo demuestra. Porque “no todos los políticos son corruptos”, como le dijo el Sumo Pontífice a la prensa italiana el fin de semana último.

La corrupción mata

La política es la ciencia social por excelencia para incidir en la vida comunitaria y, sobre todas las cosas, para proteger a los más vulnerables. Por eso, cada acto de corrupción atenta de manera directa contra la promoción de los miembros de la sociedad e incluso, como se observa, hasta pone en riesgo la vida misma cuando no la mata. Sobre esta trágica realidad, en tanto, se destaca la campaña Exposed (“Al Descubierto”) que impulsa una coalición global de iglesias, organizaciones cristianas e individuos de 150 naciones para denunciar cómo la corrupción afecta a los más pobres. Una de los principales logros de la iniciativa fue el envío de una carta a los dirigentes del G-20, que puede leerse en la Web de la Iglesia Evangélica Española (IEE): http://exposedcampaign.com/downloads/Pastoral%20letter%20ES.pdf .

Los actos inescrupulosos siempre tienen consecuencias serias contra el prójimo. Y cuando se cometen desde la política adquieren una dimensión social pavorosa. Es imprescindible, por ello, que haya más políticos que sean valientes y que asuman su tarea con vocación de servicio y despojados de los vicios culturales que convierten a la política como un espacio propicio para sacar ventajas en beneficio propio y  de unos pocos.

“¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad…. la vida de los pobres!”, pide el Papa en Evangelii Gaudium. Se precisan. Que así sea.

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