Se cumplieron 125 años de la coronación de la Virgen, que “se quiso quedar” en Luján

La Patria vivió un lindo acontecimiento, en preparación al Año de la Fe. El 8 de mayo último fue la Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, que es la Patrona de la Argentina. Y este año la Fiesta fue especial, porque se cumplieron 125 años de la coronación de la imagen de la Virgen. Y, por tal motivo, hubo desde hace unas semanas diferentes actividades para celebrar el regalo de María “que se quiso quedar acá”, como dijo el Rector de la Basílica, el padre José Daniel Blanchoud, en una sesión extraordinaria del Consejo Deliberante local para conmemorar el aniversario.

La Virgen de Luján conmueve. Y mueve montañas. Muestra de esto son los cientos de miles de argentinos que participan año tras año, por ejemplo, de las peregrinaciones al Santuario que se realizan desde 1975. Pero si bien su fama es grande tanto en el país como en América latina, no obstante, muchas veces se desconoce su hermosa historia. Y vale la pena recordarla…

María decidió quedarse de modo especial en Luján en los inicios del siglo XVII. En ese entonces, la ciudad era el primer asentamiento en el camino real que unía a los gobiernos de Buenos Aires y el Alto Perú. Se trataba de una zona de tránsito. Y, de hecho, este dato es crucial en el milagro que, de manera sencilla y profunda, está muy bien relatado en la Página Oficial de la Basílica de Luján (www.basilicadelujan.org.ar) y que se reproduce a continuación…

La historia del milagro

“Hacia el año 1630, un cierto portugués, de nombre Antonio Faría de Sá, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, pidió a un amigo suyo, Juan Andrea, marino, que le trajese del Brasil una imagen de la Concepción de María Santísima con el propósito de venerarla en la Capilla que estaba fabricando en su estancia.

“Juan Andrea cumplió el encargo y le trajo no una, sino dos imágenes de Nuestra Señora, que llegaron al puerto de Buenos Aires. Una, según el pedido, era de la Purísima Concepción; la otra, del título de la Madre de Dios con el niño Jesús dormido entre los brazos.

“Ambas imágenes fueron colocadas en dos cajoncillos y subidas a una carreta. Al llegar a las orillas del Río Luján, en la estancia de Rosendo, los troperos se detuvieron allí para pasar la noche. Al día siguiente, una clara mañana de Mayo, queriendo proseguir el camino no pudieron mover la carreta. Admirados de la novedad pasaron a individualizar la causa y declaró el conductor del convoy: ‘Aquí vienen dos cajones con dos bultos de la Virgen, que traigo recomendados para una capilla de Sumampa’.

“Cuando abrieron el cajón, hallaron una bella imagen de Nuestra Señora de la Concepción, de media vara de alto y con las manos juntas ante el pecho. Luego de venerar la Santa Imagen la llevaron en procesión a la casa de Rosendo y sus dueños le levantaron un humilde altar. Fue entonces cuando un joven negro llamado Manuel, dijo: ‘Sáquese de la carreta uno de los cajones y observemos si camina’.

“Así se hizo, pero en vano. ‘Truéquense los cajones’, replicó él mismo. Entonces ocurrió que al cambiar los cajones y al tirar los bueyes la carreta se movió sin dificultad.

“Desde luego entendieron los arrieros tal disposición del Cielo de que la imagen de la Virgen encerrada en tal cajón debía quedarse en aquel paraje y así siguieron con la otra a su destino”.

“Debía quedarse”

El relato es atrapante. Llena de ternura pensar que la “disposición del Cielo” fue que María “debía quedarse”. Y así Ella, desde entonces, abraza a nuestra Patria y a cada uno de sus habitantes de manera particular. Y revive en cada mirada que nos dirige, aquellas palabras hermosas que recibió de su Hijo a los pies de la Cruz cuando estaba junto al discípulo amado: “Mujer, aquí tienes a tu hijo” (Jn 19,25).

A 125 años de la coronación de la Virgen de Luján, que se realizó el 8 de mayo de 1887 en nombre del Papa León XIII por el arzobispo de Buenos Aires monseñor Federico León Aneiros, vale la pena rezar por nuestra Patria, que atraviesa momentos difíciles, con la oración que el beato Juan Pablo II le pronunció en 1987 desde la avenida 9 deJulio:

“Te encomiendo y te consagro, Virgen de Luján,
la patria argentina, pacificada y reconciliada,
las esperanzas y anhelos de este pueblo,
la Iglesia con sus Pastores y sus fieles,
las familias para que crezcan en santidad,
los jóvenes para que encuentren la plenitud de su vocación,
humana y cristiana,
en una sociedad que cultive sin desfallecimiento
los valores del espíritu.

“Te encomiendo a todos los que sufren,
a los pobres, a los enfermos, a los marginados;
a los que la violencia separó para siempre de nuestra compañía,

pero permanecen presentes ante el Señor de la historia
y son hijos tuyos, Virgen de Luján, Madre de la Vida.
Haz que la Argentina entera sea fiel al Evangelio,
y abra de par en par su corazón 
a Cristo, el Redentor del hombre, 
la Esperanza de la humanidad.

“Que la Santa Madre de Dios nos escuche y nos ayude a imitarla en la humildad y en la fe en Cristo Resucitado!”.

Bellísima. ¡Virgen de Luján!, Ruega por nosotros.

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Pedro Crespi

Periodista. Posgraduado en Conducción de Recursos Humanos. Director de ONG (amplia experiencia en gerenciamiento y desarrollo de Programas de Responsabilidad Social y gestión de comunicaciones externas e internas). @pcrespi78

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