7 años de pontificado de Benedicto XVI y la nueva evangelización

El 19 de abril de 2005 Benedicto XVI era elegido como nuevo Sucesor de Pedro, Obispo de Roma y Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Como todos los años, este aniversario es una excelente ocasión para dar gracias a Dios por el Ministerio de este gran Papa y resaltar alguna nota de su servicio ministerial.

En esta breve columna quisiera resaltar su llamado a la nueva evangelización, que se expresa en la convocatoria al Sínodo de los Obispos para tratar el tema en octubre de este año y en el lanzamiento del “Año de la Fe” como iniciativa de anuncio explícito de la Fe.

En primer lugar, al relanzar la nueva evangelización, Benedicto XVI continúa la tarea de sus predecesores. Vale recordar aquí el gran documento evangelizador de Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, con su llamado urgente a evangelizar la cultura, como así también el pedido que hacía Juan Pablo II, particularmente en América Latina en los 500 años de la primera evangelización. Estos Papas son, además, impulsores del gran acontecimiento eclesial que fue el Concilio Vaticano II.

En segundo lugar, la nueva evangelización tiene un significado particular como respuesta a un tiempo histórico que nos encuentra a los cristianos, por momentos, demasiado ocupados en asuntos temporales y descuidando –o a lo sumo dando por supuesta- la gran cuestión de la fe. Así lo constata Benedicto XVI en Porta Fidei: “Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.” (n. 2).

En este sentido, la nueva evangelización se caracteriza por un anuncio explícito de la Fe Cristiana. Pero nuevamente aquí el Papa Benedicto XVI ha sido particularmente lúcido, ya desde el inicio de su Pontificado. No se trata sólo de anunciar una doctrina o unos valores, se trata del encuentro con una persona, como acontecimiento que transforma la vida. Lo decía con claridad en el primer párrafo de su primera encíclica: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16)” (Deus Caritas est, 1).

Podríamos continuar desarrollando muchos otros elementos de esta nueva evangelización, pero preferimos detenernos aquí. Es el llamado a renovar nuestra fe el gran pedido de Benedicto XVI en este tiempo. Y la mejor manera de celebrar un nuevo aniversario de su pontificado es, justamente, renovar nuestra adhesión cordial a Jesucristo, y en Jesucristo, al Dios Trino que se nos revela como amor, y que quiere hacernos partícipes de su misma comunión.

Dios quiera que, en este tiempo para evangelizar, nos dejemos transformar por el Espíritu Santo, que nos configure con el Señor Jesús, en comunidades eclesiales vitales y anunciadoras de la Fe. Como decía Benedicto XVI en Fátima, en 2010: “Cuando, para muchos, la fe católica ya no es un patrimonio común de la sociedad y, a menudo, se ve como una semilla insidiada y ofuscada por “divinidades” y señores de este mundo, muy difícilmente esta podrá tocar los corazones mediante simples discursos o referencias morales, y menos todavía a través de referencias genéricas a los valores cristianos. La referencia valerosa e integral a los principios es esencial e indispensable; sin embargo el simple enunciado del mensaje no llega al fondo del corazón de la persona, no toca su libertad, no cambia su vida. Lo que fascina es sobre todo el encuentro con personas creyentes que, por medio de la fe, atraen hacia la gracia de Cristo, dando testimonio de Él». Palabras de un obispo de Roma que al principio de su pontificado había dicho: «el nuevo Papa sabe que su función es hacer resplandecer ante los ojos de los hombres y las mujeres de hoy la luz de Cristo: no su luz, sino la de Cristo”.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.

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