El Papa San Juan Pablo II y los problemas demográficos

A 25 años de la Carta del Papa San Juan Pablo II por la Conferencia de El Cairo sobre Población

El 18 de marzo de 2019 se cumplieron 25 años de la Carta que el Papa Juan Pablo II le enviara a la Secretaria General de la Conferencia Internacional de la ONU sobre la Población y el Desarrollo que se realizó en El Cairo en septiembre de ese año. La Carta conserva gran actualidad y por eso queremos recordar algunos pasajes particularmente significativos y que no han perdido vigencia.

El Papa señala la importancia del tema de la población y el desarrollo y señala que la Iglesia se preocupa por “valorar con exactitud y objetividad los problemas demográficos”, “exhortando a la solidaridad mundial con respecto a los planes de desarrollo, sobre todo cuando interesan a las naciones que están en vías de desarrollo”. La Carta ofrece principios éticos fundamentales en relación a la persona y la familia. Además, recuerda los principios que deben animar los programas de desarrollo. Para el Papa es natural que cuando se discuten cuestiones demográficas aparezcan las cuestiones relacionadas con la transmisión y el desarrollo de la vida humana. Justamente sobre esos puntos relativos a la vida humana nos vamos a concentrar en este breve resumen.

Derechos sexuales: En su Carta, el Papa precisa que “plantear los problemas demográficos en términos de derechos sexuales o reproductivos individuales o, incluso, de derechos de la mujer, significa cambiar la perspectiva desde la que los gobiernos y los organismos internacionales deberían afrontarlos”.

La familia: Recuerda que “los problemas relacionados con la transmisión de la vida y su posterior desarrollo no se pueden analizar adecuadamente prescindiendo del bien de la familia:  la comunión de personas que se establece en el matrimonio de un hombre y una mujer, y que —como afirma la Declaración de los derechos humanos— es «la célula natural y fundamental de la sociedad» (art. 16, 3). La familia es una institución fundada en la misma naturaleza de la persona humana, y es el ámbito adecuado para la concepción, el nacimiento y la educación de los hijos”. El Papa advierte que nos encontramos en un momento de la historia en el que “se han desplegado muchas fuerzas poderosas contra la familia”.

Los gobiernos y el respeto a las decisiones de los esposos: ante la amenaza de la imposición o promoción de la esterilización, el aborto y la anticoncepción, el Papa señala: “el deber de proteger a la familia exige hoy realizar un esfuerzo especial para garantizar a los esposos la libertad de decidir responsablemente, sin ningún tipo de coacción social y legal, cuántos hijos quieren tener y cómo quieren espaciar los nacimientos”. Los gobiernos y las demás organizaciones no deben decidir en lugar de los esposos, sino, por el contrario, crear las condiciones sociales que les permitan tomar decisiones justas a la luz de sus responsabilidades ante Dios, ante sí mismos, ante la sociedad de la que forman parte y ante el orden moral objetivo”.

Métodos de control de la natalidad: decía el Papa: “La Iglesia, en defensa de la persona humana, se opone a la imposición de límites al número de hijos, y a la promoción de métodos de control de la natalidad que separan las dimensiones unitiva y procreadora de la relación matrimonial y son contrarios a la ley moral inscrita en el corazón del hombre, o que atentan contra el carácter sagrado de la vida”.

Esterilización y aborto: igualmente condena la esterilización y el aborto: “Por esta razón, la esterilización, difundida cada vez más como método de planificación familiar, es evidentemente inaceptable a causa de su finalidad y su capacidad de violar los derechos humanos, en especial de la mujer. Representa un peligro aún mayor contra la dignidad y la libertad, cuando se la promueve como parte de una política demográfica. El aborto, que destruye la vida humana existente, es un crimen abominable, y no puede aceptarse nunca como método de planificación familiar, como reconoció unánimemente la Conferencia internacional de las Naciones Unidas sobre la población, celebrada en la ciudad de México en 1984”.

La familia santuario de la vida: el Papa recuerda un pasaje de su encíclica Centesimus annus: «Hay que volver a considerar la familia como el santuario de la vida. En efecto, es sagrada: es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida. El ingenio del hombre parece orientarse, en este campo, a limitar, suprimir o anular las fuentes de la vida, recurriendo incluso al aborto, tan extendido por desgracia en el mundo, más que a defender y abrir las posibilidades a la vida misma» (n. 39).

Aborto: El Papa también analiza lo que hasta ese momento era el borrador del Documento para la Conferencia. Allí critica que se haya omitido “mencionar el consenso internacional de la Conferencia internacional sobre la población, celebrada en la ciudad de México en 1984, que afirmó que «en ningún caso hay que promover el aborto como método de planificación familiar». En realidad, existe una tendencia a promover el derecho, reconocido internacionalmente, de poder practicar el aborto a petición, sin restricción alguna y sin considerar los derechos de la criatura por nacer, de una manera que va más allá de lo que, por desgracia, ya permiten las leyes de algunas naciones”.

Una visión individualista de la sexualidad: también señala que “la visión de la sexualidad que inspira el documento es individualista; ignora el matrimonio, como si fuera algo del pasado. Una institución tan natural, universal y fundamental como la familia, no puede ser manipulada sin causar graves daños al entramado y a la estabilidad de la sociedad”.

Palabras proféticas: Las palabras finales son proféticas y, a 25 años de aquella Carta, podemos preguntarnos cómo ha sido la evolución de nuestras sociedades en esta materia:

“La gravedad de los desafíos que los gobiernos y, sobre todo los padres, deben afrontar en la educación de las generaciones más jóvenes, nos invita a asumir nuestras responsabilidades de guiar a los jóvenes hacia una comprensión más profunda de su dignidad y de su potencialidad como personas. ¿Qué futuro ofrecemos a los adolescentes si dejamos que, a causa de su inmadurez, sigan sus instintos sin valorar las consecuencias interpersonales y morales de su comportamiento sexual? ¿No tenemos la obligación de abrirles los ojos, para que conozcan el daño y el sufrimiento que un comportamiento sexual moralmente irresponsable puede causarles? ¿No es nuestra misión plantearles el desafío de una ética exigente, que respete plenamente su dignidad y los conduzca al autocontrol necesario para afrontar las diversas exigencias de la vida?”

Fuente: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/letters/1994/documents/hf_jp-ii_let_19940318_cairo-population-sadik.html

Entradas relacionadas

Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.