El derecho a la salud en el pensamiento de los últimos Papas

En esta breve columna quisiera repasar algunos lineamientos del pensamiento de los últimos Papas sobre el derecho a la salud.
El Papa San Juan XXIII en la formidable encíclica Pacem in Terris (escrita en abril de 1963) propone a la humanidad parámetros para tener en cuenta sobre la existencia y el decoroso nivel de vida que les comparto. Dice el santo en el párrafo 11: “Puestos a desarrollar, en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento…” (PiT 11)

Notoriamente San Juan XXIII, está presentando el derecho a la existencia no sólo a nacer; sino a todo lo que consecuentemente hace al ser humano. Podría interpretar a todo lo que hace al ambiente humano moderno.

Otro santo, Juan Pablo II, reflexiona en 1984, en su Carta apostólica Salvifici Doloris, sobre el sufrimiento y su diversidad de manifestaciones que no se reducen sólo a lo físico. Dice el papa en el número 5: “Aunque en su dimensión subjetiva, como hecho personal, encerrado en el concreto e irrepetible interior del hombre, el sufrimiento parece casi inefable e intransferible, quizá al mismo tiempo ninguna otra cosa exige —en su « realidad objetiva »— ser tratada, meditada, concebida en la forma de un explícito problema; y exige que en torno a él hagan preguntas de fondo y se busquen respuestas.…
…Puede ser que la medicina, en cuanto ciencia y a la vez arte de curar, descubra en el vasto terreno del sufrimiento del hombre el sector más conocido, el identificado con mayor precisión y relativamente más compensado por los métodos del « reaccionar » (es decir, de la terapéutica). Sin embargo, éste es sólo un sector. El terreno del sufrimiento humano es mucho más vasto, mucho más variado y pluridimensional. El hombre sufre de modos diversos, no siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones. El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente enraizado en la humanidad misma. Una cierta idea de este problema nos viene de la distinción entre sufrimiento físico y sufrimiento moral. Esta distinción toma como fundamento la doble dimensión del ser humano, e indica el elemento corporal y espiritual como el inmediato o directo sujeto del sufrimiento….
La Sagrada Escritura, continúa diciendo el papa, es un gran libro sobre el sufrimiento. De los libros del Antiguo Testamento mencionaremos sólo algunos ejemplos de situaciones que llevan el signo del sufrimiento, ante todo moral: el peligro de muerte, la muerte de los propios hijos, y especialmente la muerte del hijo primogénito y único.
También la falta de prole, la nostalgia de la patria, la persecución y hostilidad del ambiente, el escarnio y la irrisión hacia quien sufre, la soledad y el abandono. Y otros más, como el remordimiento de conciencia, la dificultad en comprender por qué los malos prosperan y los justos sufren, la infidelidad e ingratitud por parte de amigos y vecinos, las desventuras de la propia nación.” (SD 5-6).
Notable iluminación de San Juan Pablo sobre el amplio espectro del sufrimiento y la salud humana. También ligada al ambiente humano.
Benedicto XVI ha hecho múltiples menciones sobre la salud y su acceso, su necesidad de justicia en la distribución, y el importante rol histórico que tiene nuestra Iglesia en la atención del desvalido, el enfermo y el pobre. Dijo Benedicto en un mensaje la Pastoral de la salud en 2010 que: “Lamentablemente, todavía hoy sigue existiendo el problema de numerosas poblaciones del mundo que no tienen acceso a los recursos indispensables para satisfacer las necesidades fundamentales, particularmente en lo que se refiere a la salud. Es preciso actuar con mayor empeño a todos los niveles a fin de que el derecho a la salud sea efectivo, favoreciendo el acceso a la atención sanitaria básica.
En nuestra época asistimos, por una parte, a una atención a la salud que corre el riesgo de transformarse en consumismo farmacológico, médico y quirúrgico, convirtiéndose casi en un culto del cuerpo y, por otra, a las dificultades de millones de personas para acceder a condiciones de subsistencia mínimas y a medicamentos indispensables para curarse.” (Mensaje del Papa Benedicto XVI a la 25° Conferencia organizada por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 2010)
Finalmente, el Papa Francisco, ha hecho un llamamiento en 2018 a la pastoral de la salud y a toda la humanidad diciendo: “La Iglesia sugiere que la armonización del derecho a la protección de la salud y el derecho a la justicia esté garantizada por una distribución equitativa de las estructuras sanitarias y de los recursos financieros de conformidad con los principios de solidaridad y subsidiariedad.” (Mensaje del Papa Francisco “a los participantes en la Conferencia Internacional sobre el tema: “Afrontar las disparidades globales en materia de salud””)
La salud y su acceso no es un tema sencillo de abordar, y nos involucra a todos los seres humanos en cuanto a constructores del bien común.

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