El Papa Francisco y la manipulación de los jóvenes

Entre los pasajes más interpelantes de la exhortación apostólica “Christus Vivit” del Papa Francisco, se encuentra su advertencia a los jóvenes para que no pierdan sus raíces y queden a merced de manipulaciones.

Para el Papa, “no es una cuestión secundaria” (n. 180) y por eso le dedica el capítulo VI que se titula “Jóvenes sin raíces”. En este pasaje del documento el Papa implora a cada joven: “Que no te arranquen de la tierra”. Lo que está en juego es “distinguir la alegría de la juventud de un falso culto a la juventud que algunos utilizan para seducir a los jóvenes y utilizarlos para sus fines” (n. 180).

Una forma fácil de atrapar a alguien: El texto se caracteriza por la llaneza del Papa para explica a los jóvenes por qué, si olvidan sus raíces, se convierten en fácilmente manipulables. En el n. 181 dice así: “Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes”.

Las ideologías: explica el Papa que “así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido” (n. 181).

El culto a la juventud: el segundo recurso que, según el Papa, utilizan los manipuladores es “una adoración de la juventud, como si todo lo que no sea joven se convirtiera en detestable y caduco. El cuerpo joven se vuelve el símbolo de este nuevo culto, y entonces todo lo que tenga que ver con ese cuerpo se idolatra y se desea sin límites, y lo que no sea joven se mira con desprecio. Pero es un arma que en primer lugar termina degradando a los jóvenes, los vacía de valores reales, los utiliza para obtener beneficios personales, económicos o políticos” (n. 182).

La belleza del trabajo y la familia: en respuesta a el uso de la juventud “para fomentar una vida superficial, que confunde la belleza con la apariencia”, el Papa invita a descubrir “que hay hermosura en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y en el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa despeinada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo, hay hermosura en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, en esos viejitos que caminan de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro” (n. 183).

Espiritualidad sin Dios y el futuro paradisíaco: una tercera forma de manipulación sobre la que advierte el Papa es la “espiritualidad sin Dios, una afectividad sin comunidad y sin compromiso con los que sufren, un miedo a los pobres vistos como seres peligrosos, y una serie de ofertas que pretenden hacerles creer en un futuro paradisíaco que siempre se postergará para más adelante” (n. 184). El Papa con todo su “afecto” advierte que “no se dejen dominar por esta ideología que no los volverá más jóvenes, sino que los convertirá en esclavos. Les propongo otro camino, hecho de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo esas raíces que alimentan y sostienen” (n. 184).

La colonización cultural: en continuidad con otras ocasiones en que ha hablado del tema, Francisco denuncia,siguiendo lo dicho por numerosos Padres sinodales provenientes de contextos no occidentales, “que en sus países la globalización conlleva auténticas formas de colonización cultural, que desarraigan a los jóvenes de la pertenencia a las realidades culturales y religiosas de las que provienen. Es necesario un compromiso de la Iglesia para acompañarlos en este paso sin que pierdan los rasgos más valiosos de su identidad»” (n. 185)

La homogeneización de los jóvenes: la última advertencia del Papa en este apartado refiere a la “tendencia a “homogeneizar” a los jóvenes, a disolver las diferencias propias de su lugar de origen, a convertirlos en seres manipulables hechos en serie”. “Así se produce una destrucción cultural, que es tan grave como la desaparición de las especies animales y vegetales. Por eso, en un mensaje a jóvenes indígenas, reunidos en Panamá, los exhorté a «hacerse cargo de las raíces, porque de las raíces viene la fuerza que los va a hacer crecer, florecer y fructificar»” (n. 186).

El encuentro con los ancianos: podríamos decir que a lo largo de todo el documento el Papa tiene como telón de fondo exhortar a los jóvenes a que no pierdan sus raíces y se dejen manipular. Pero en este capítulo VI, inmediatamente después de hablar del problema de la manipulación, propone a los jóvenes que se relacionen con los ancianos. Dice en el n. 191: “Al mundo nunca le sirvió ni le servirá la ruptura entre generaciones. Son los cantos de sirena de un futuro sin raíces, sin arraigo. Es la mentira que te hace creer que sólo lo nuevo es bueno y bello. La existencia de las relaciones intergeneracionales implica que en las comunidades se posea una memoria colectiva, pues cada generación retoma las enseñanzas de sus antecesores, dejando así un legado a sus sucesores. Esto constituye marcos de referencia para cimentar sólidamente una sociedad nueva. Como dice el refrán: “Si el joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese”. Se trata de un consejo sabio, que viene de la misma Palabra de Dios que “recomienda no perder el contacto con los ancianos, para poder recoger su experiencia” (n. 188).

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.