¿Por qué la agresión a la Virgen?

El 7 de marzo de 2019 se realizó en la ciudad de Buenos Aires una “procesión” hacia el Centro Cultural Haroldo Conti (Ex-Esma) con una imagen de la Virgen María que llevaba puesto un pañuelo verde en favor de la legalización del aborto. La llamada “Virgen abortera” fue luego colocada en exhibición en la librería del Centro Cultural, en el marco de una muestra titulada “Para todes, tode”. La noticia generó enorme revuelo por el agravio que significó el hecho hacia quienes somos católicos y tenemos particular veneración por la Madre de Jesucristo.

Debo reconocer que el hecho me dejó muy dolido y sobre todo perturbado, por la gravedad y gratuidad de la ofensa. Por eso quise indagar las razones que llevaron a la autora a crear esta imagen. Entre distintos sitios que refieren al tema, encontré un portal que se llama “Leedor.com” donde se publicó una reseña de la “procesión” (http://leedor.com/2019/03/08/la-virgen-abortera-venerada-en-procesion-entra-al-c-c-conti/). A continuación, comparto un resumen del mensaje de la autora de la imagen y algunas reflexiones complementarias.

Las razones de la autora

Según se explica en la nota de Leedor, “una nueva imagen de virgen, revolucionaria y contradictoria con respecto a la tradicional es rescatada del sentir de las pibas y de las mujeres por una artista de corazón emancipador, _coolpa, su creadora”.

Al respecto, “_coolpa” es un “proyecto de resignificación de figuras religiosas con asociaciones externas, provenientes del imaginario popular”, según podemos leer en su cuenta de Instagram. La búsqueda en Instagram del término #virgenabortera nos lleva a distintas publicaciones que datan de octubre de 2018 y que identifican a S.L. como la artista que, en el seno de _coolpa, crea la “Virgen abortera”. Según Leedor, S.L. es una egresada de la Universidad de La Plata con una tesis que se denomina “Subversiones”.

En la nota publicada en Leedor, se transcriben explicaciones de S.L. sobre su obra:

“Las resignificaciones presentadas son parodias secularizadas, en tanto que se separan de la Institución Católica, abordadas desde la ironía de la significación de los contenidos culturales de nuestra actualidad. Intento aquí suplantar una fe impuesta por una fe propia. Creo en la lucha diaria por alcanzar las utopías personales, que a veces se convierten en utopías colectivas, no creo en la Santa Iglesia Católica ni en la resurrección de la carne. No creo que las cosas vengan de arriba y mucho menos desde el cielo.  Todo orden impuesto corre el riesgo de ser al menos cuestionado o plausible de sufrir alteraciones. Los santos intervenidos no son para mí un símbolo intocable que debo respetar con sumisión, son más bien estatuillas de yeso barato que adquiero a buen precio, al por mayor, en una artística del centro comercial de Once… Luego, me dispongo a agregarles todo el valor posible, tanto simbólico como estético, dotando a las figuras de los distintos significados que encierran las cosas en las que sí creo.”

En la nota mencionada se afirma que el mensaje de la imagen abortera “es tan valido por ser tan opuesto al original religioso, aquel que presenta la ‘improbabilidad’ de una virgen que engendra por mandato y sigue siendo virgen constituyéndose así en la primera víctima oficial y cristiana que no elige ser madre y se la priva del ejercicio de su sexualidad dividiendo así, la noción de madre de la noción de ser mujer. La virgen se rebela en la creación de la artista y avala con su pañuelo verde que le cubre media cara su voluntad de cambio y transformación para ‘procesionar’ por el derecho a liberarse del embarazo indeseado y de la maternidad no elegida. Refleja así la fe, la de las mujeres emancipadas” (http://leedor.com/2019/03/08/la-virgen-abortera-venerada-en-procesion-entra-al-c-c-conti/).

Algunas reflexiones

La obra constituye una profanación, porque se ha tratado sin el debido respeto un objeto sagrado. Esa imagen no es cualquier imagen. Es un objeto religioso y por tanto es merecedor de un particular respeto porque es utilizado por los fieles para la devoción. La profanación configura una agresión a sentimientos religiosos de una enorme cantidad de personas, que no resulta justificada por ninguna razón artística. Agraviar la memoria y la persona de la Virgen María no califica como arte.

Las imágenes religiosas no son, como dice la autora, simples estatuillas de yeso. Expresan una devoción que toca las creencias y convicciones más decisivas de la existencia personal. Ser persona no es estar en el mundo al azar. Ser persona es existir con una finalidad. Y como esa finalidad tiene algo de misterio, máxime porque el ser humano enfrenta el drama del mal y de la muerte, la dimensión religiosa abre respuestas al fin último de la persona humana que son determinantes de la existencia. La religión cristiana en particular, con la fe en Jesucristo, muerto y resucitado, ofrece un horizonte de plenitud y realización personal que trasciende la muerte.

Es significativo, entonces, que la autora diga abiertamente que no cree en la resurrección de la carne. Es algo respetable. Pero que ella no crea, no significa que los que creemos en la resurrección de la carne tengamos que ser parodiados (para usar la palabra que utilizó la autora) en nuestras creencias.

Intervenir y modificar imágenes religiosas no es algo banal. Parodiar creencias religiosas tampoco. Estamos hablando de las convicciones más decisivas y fundantes de la experiencia personal.

Para la autora la fe católica es una fe impuesta. ¿Por qué piensa así? No hay decisión más libre que la que toma la Virgen María frente al anuncio del Ángel Gabriel. Dios tiene la delicadeza de interrogar a la Virgen, presentar el plan de salvación y esperar su respuesta. Su obediencia al Padre no es sometimiento irracional y esclavizante. Es la acción más libre y soberana que puede realizar la persona humana: entrar en comunión perfecta con el plan de Dios y dejar que Dios obre en su vida.

Hoy en día, con la libertad que existe, nadie puede decir que adherir a la fe católica sea algo impuesto. Es una fe que cree que Dios puede obrar en nuestras vidas, por el misterio de su Encarnación en Jesucristo y la acción del Espíritu Santo.

En realidad, la autora debería preguntarse si no tiene ella misma sus creencias impuestas por una mentalidad ideologizada. Antes que juzgar a las personas por supuestas imposiciones, debería reflexionar sobre la revolución que dice encarnar, que en realidad es una ideología funcional a los intereses de los más poderosos y que conduce a nuevas y más sutiles formas de esclavitud.

El telón de fondo de las agresiones contra la Virgen tiene que ver con la idea de que la moral sexual que la Iglesia propone es una imposición. La Virgen no elige ser madre y se la priva de su sexualidad, dice la nota de Leedor. Nada más alejado de la realidad. La Virgen elige ser madre y su opción por la castidad perfecta es voluntaria, como lo expresa el relato de San Lucas. Esa castidad perfecta no es menosprecio del matrimonio ni de la sexualidad, sino al contrario expresión de una realidad de amor pleno en Dios, que es figura del mundo futuro. La virginidad por el Reino de los Cielos anticipa la plenitud de la vida en el cielo.

Igualmente, la autora reprocha a la Iglesia que el aborto sea delito, cuando se trata de una legislación vigente en un país democrático. El aborto no es una imposición religiosa, sino expresión de un principio natural que señala el deber de no matar. Numerosas culturas han considerado al aborto como un ilícito. El hecho de que la Iglesia sea contraria al aborto no invalida la ley que lo sanciona, así como el hecho de que la Iglesia sea contraria a la trata de personas no invalida la ley que sanciona ese delito. Aun cuando la Iglesia brega por los derechos de los trabajadores, nadie considera a la legislación laboral como una imposición religiosa.

La exposición en el Centro Cultural exalta al aborto como un ideal emancipador, cuando la dura realidad nos dice que el aborto es un drama social, que el problema de fondo son las condiciones que afectan a las madres vulnerables. Desconoce que la Iglesia Católica hace una impresionante obra en todo el mundo por las madres más vulnerables, por sus hijos e hijas, por los más pobres, por los enfermos, y por tantos excluidos que una mentalidad utilitarista e individualista quiere eliminar. Y desconoce que el aborto es, en los hechos, uno de los mecanismos más radicales de eliminación del diferente, del que no es deseado, del descartable. Más allá del maquillaje emancipador, el aborto conduce a nuevas formas de esclavitud.

Pensar que la maternidad de la Virgen fue impuesta es reinventar la fe de la Iglesia. Lógicamente, nadie está obligado a creer en la maternidad virginal de María, pero tampoco nadie está legitimado para ridiculizar las convicciones de las millones de personas que creemos en el misterio de la Encarnación.

El agravio de la imagen abortera es mayor por lo que está simbolizando. La Virgen con el pañuelo verde, en el fondo, estaría abortando a Jesús. Así, ya no sólo se ataca a la Virgen María, sino que se ataca al mismo Redentor.  

Agraviar a otro no puede ser un derecho, ni siquiera como libertad de expresión. Si tomamos un ejemplo mucho más trivial, en el Código de Contravenciones de la Ciudad de Buenos Aires se sanciona a quien “en ocasión de un espectáculo deportivo masivo lleva o exhibe banderas, trofeos o símbolos de divisas distintas de la propia y las utiliza para provocar a la parcialidad contraria” (art. 98). Y “la sanción se eleva al doble para quien consiente o permite que las banderas, trofeos o símbolos descriptos se guarden en el lugar donde se desarrolle el espectáculo” (art. 98).

Lamentablemente, parece crecer un clima cultural hostil a la religión católica, que considera que ésta debe ser eliminada. Es una nueva forma de persecución, que queremos vivir en la verdad y el amor: denunciando la injusticia de los agravios, esperando que no se repitan y pidiendo la intervención de las autoridades para que no se legitimen en espacios públicos este tipo de agravios. Desde la fe, también vivimos estos hechos buscando perdonar a los ofensores, rezando por ellos y sabiendo que estos dolores tienen un valor redentor, pues nos asocian con la Pascua de Cristo. Nos encomendamos a María. Según narra Lucas, en la presentación del Niño Jesús en el Templo, el anciano Simeón le profetizó a la Virgen: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos» (Lc 2, 34-35). Hoy en Buenos Aires el corazón de la Virgen vuelve a ser traspasado por una espada. Sabemos que ella ya está asunta y coronada en el cielo y a ella le pedimos que ruegue por nosotros y por quienes creen que el aborto es una forma de liberación. Que ella mueva los corazones para descubrir la verdad del amor que es la verdadera liberación, amor que lleva a amar a la madre y al niño desde la concepción, y a acompañara a toda vida humana para que pueda realizarse en plenitud.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.