¿Dónde ejercen su misión los laicos?

En enero de 2019 se cumplen 20 años de la exhortación “Ecclesia in America” del Papa San Juan Pablo II y que fue el fruto de un Sínodo de los Obispos dedicado al tema de la evangelización en América. En el n. 44 de este documento, Juan Pablo II llamaba la atención sobre dos ámbitos en los que se realiza la vocación de los laicos:

1) “El primero, y más propio de su condición laical, es el de las realidades temporales, que están llamados a ordenar según la voluntad de Dios”.

2) El segundo, “puede llamarse « intraeclesial ». Muchos laicos en América sienten el legítimo deseo de aportar sus talentos y carismas a «la construcción de la comunidad eclesial como delegados de la Palabra, catequistas, visitadores de enfermos o de encarcelados, animadores de grupos etc.»”

En este breve comentario, quisiera llamar la atención sobre las dificultades que plantea ese primer y más propio ámbito de misión laical que es la tarea de ordenar las realidades temporales según el plan de Dios.

La formación

Un primer punto es el referido a la formación de los laicos para esa tarea. Por un lado, formar a alguien para ser “evangelizador” en las realidades temporales, supone que esa persona busque la excelencia y una plena idoneidad en las tareas “temporales” a las que está llamado. No se ordena una realidad sin conocerla a fondo y sin tener las herramientas y experiencias para poder incidir en ese campo.

Así, recordemos que, como enseñó el Concilio Vaticano II, las realidades temporales tienen su legítima autonomía, y por eso los laicos deberían evitar pronunciarse sobre temas que exceden a su ámbito de competencia, o bien hacerlo sólo luego de haberse interiorizado a fondo y con datos precisos y confiables sobre las problemáticas en juego.

Además, siguiendo con el Concilio, la tarea de ordenar las realidades temporales según el plan de Dios se mueve, generalmente, en el campo de lo prudencial y contingente. De allí que el laico no pueda afirmar que su compromiso político o temporal sea la única manera de expresión de las enseñanzas de la Iglesia (GS 43). Ello sin perjuicio de actuar con respeto por los valores no negociables señalados por Benedicto XVI (Sacramentum Caritatis, n. 83).

Retomando la cuestión formativa, resulta difícil encontrar itinerarios pedagógicos para laicos en lo que concierne a esa impronta vinculada a las realidades temporales. Pensemos en los jóvenes. Muchas veces a los jóvenes más comprometidos en la pastoral de un colegio o de una universidad se le ofrecen espacios de misión que apuntan a tareas intraeclesiales, como ser catequistas, voluntarios en servicios de caridad, misiones en lugares de extrema pobreza. Ciertamente, esas experiencias enriquecen la vida y formación de los jóvenes, pero surge la pregunta sobre cómo suscitar los trayectos formativos y de compromiso para que los jóvenes comiencen a pensar toda su vida como una misión, lo que necesariamente incluye el trabajo, la profesión o el oficio.

Si no se logra esa integración de la preparación que podríamos llamar “laboral” u “ocupacional” con la vida cristiana, corremos el riesgo de producir una disociación entre el trabajo o los estudios y el compromiso eclesial que suele estar orientado a tareas que no están directamente vinculadas con la vocación propiamente secular. EnEvangelii Gaudium 273 el Papa Francisco ofrece una clave que expresa esta unidad de vida cuando sostiene que el laico debe descubrir que toda su vida es misión y así surgen el docente de alma, el político de alma y el profesional de alma, que se entregan con pasión a realizar en el orden secular el plan de Dios.

Una dificultad que subyace en este punto está, de alguna manera, recogida enEvangelii Gaudium 173, cuando enfatiza que la formación debe darse en el marco de la misión. Así, formar laicos en el marco de su misión supondría formarlos en el marco de su esfuerzo por ordenar las realidades temporales según el plan de Dios. Y ello nos lleva a un segundo punto.

Los ámbitos de compromiso laical

Una dificultad adicional aparece porque la misión del laico se desarrolla en el variado ámbito de las realidades temporales. Es decir, no se trata de espacios propiamente eclesiales, como podría ser una parroquia o un movimiento.

En algunos casos, hay laicos que hacen tareas seculares en ámbitos eclesiales, como podría ser un colegio, universidad, hospital, periódico, radio o medio católico. En tales casos, el ámbito de trabajo favorece una síntesis para la tarea de ordenar las realidades temporales según el plan de Dios, en tanto se trata de instituciones que buscan trabajar en el campo de lo temporal.

En otros casos, los laicos se desempeñan en ámbitos del mundo, ya sea como trabajadores, directivos o voluntarios, que tienen por misión contribuir al bien común, como podría ser el Estado, Organizaciones de la Sociedad Civil o partidos políticos. Estos laicos también encuentran un ámbito que es más convergente para desplegar esa vocación propia en lo secular.

También hay laicos que trabajan poniendo en juego su especificidad secular al interior de la Iglesia, como aquéllos que asesoran a un Obispado o una parroquia en materias temporales, o ayudan a que cumpla mejor su misión.

Finalmente, encontramos los laicos que trabajan en la multiplicidad de ámbitos seculares, según distintas profesiones u oficios. En cada caso, su propia tarea también debe estar atravesada por comprender el plan de Dios para las realidades sobre las que incide el propio trabajo. Estos laicos pueden experimentar una mayor soledad y aridez en su “misión”. Y para superar esa aridez y soledad, es clave la espiritualidad laical, entendida en términos de síntesis entre oración y acción.

Dios quiera que todos los laicos seamos fieles a la vocación que Dios nos ha dado y pongamos en juego nuestros talentos (Mt. 25) para que se cumpla el plan de amor de Dios, que quiere que todos entren a participar de la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.