El Papa Francisco y una Cuaresma de corazones encendidos

Comenzó la Cuaresma 2018 y, como es habitual, el Santo Padre difundió su mensaje inspirándose en la frase de Jesús que recoge el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12), con el deseo de “ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”.

Una de las características del Papa Francisco es su capacidad de interpelar a sus interlocutores. Con su madurado discernimiento, el Papa suele ser muy agudo en dejar a la luz los procesos interiores que se alejan del amor de Dios. En este mensaje, la invitación está dirigida a convertir el corazón para que no se enfríe el amor y, por la oración, la limosna y el ayuno, seamos vivos instrumentos de Dios en medio del mundo.

Los “charlatanes” de soluciones sencillas a los sufrimientos: En los dos primeros apartados del mensaje, el Papa alerta contra los falsos profetas que, frente a acontecimientos dolorosos, “engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio”.

Entre los falsos profetas de nuestro tiempo, me llamó mucho la atención la fuerte crítica a “esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles”. Y sigue: “cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”.

El Papa profundiza la mirada y señala que detrás de estas soluciones fáciles está “el engaño de la vanidad”, y la obra del demonio, “que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44)”, quien “presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.

“Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

Un corazón frío: los falsos profetas conducen a que se apague la caridad. Con cita de Dante (quien en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo), el Papa señala que “lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero” y “el rechazo de Dios”. El corazón frío se transforma en violencias de distinto tipo que azotan a nuestro mundo.

Retomando lo que había escrito en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Papa también denuncia que el amor se enfría en las comunidades cristianas y describe las señales de esa falta de amor: “la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero”.

¿Qué podemos hacer? El Papa ofrece así un marco para las prácticas cuaresmales que la Iglesia ofrece en Cuaresma: “el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”. En particular, me resultó interpelante lo que dice sobre el ayuno, que “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”. “Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre”.

Una invitación a los hombres y mujeres de buena voluntad: El Papa abre su mensaje a todos: “Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos”.

El fuego de la Pascua:  El mensaje finaliza con una invitación a recibir el Sacramento de la Reconciliación, especialmente en la Jornada “24 horas para el Señor” que tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». “En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental”.

Antes de darnos su bendición, el Papa nos invita a fijar la mirada en la noche de Pascua cuando reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: “la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad”.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.