Biotecnologías. A 30 años de un documento profético

El 22 de febrero de 2017 se cumplieron 30 años de la Instrucción “Donum Vitae” sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida entonces por el Cardenal Joseph Ratzinger y con la aprobación del Papa Juan Pablo II. Este documento, que integra lo que el P. Rubén Revello suele llamar el “corpus vitae” (Humanae Vitae, Donum Vitae y Evangelium Vitae), marcó una época y queremos recordarlo poniendo de resalto una síntesis de su contexto, su mensaje y su actualidad.

a) El contexto:

En 1978 el mundo se conmovía por el nacimiento de la primera bebé concebida por fecundación in vitro y desde ese momento se disparaba una expansión del uso de las biotecnologías aplicadas a la transmisión de la vida humana. En este horizonte, muchas miradas se dirigieron hacia la Iglesia a fin de obtener una valoración de las intervenciones sobre la vida humana naciente y la procreación artificial.

Eran tiempos de intensos debates y se abría una gran expectativa por la posición de la Iglesia. “Gracias al progreso de las ciencias biológicas y médicas, el hombre dispone de medios terapéuticos cada vez más eficaces, pero puede también adquirir nuevos poderes, preñados de consecuencias imprevisibles, sobre el inicio y los primeros estadios de la vida humana. En la actualidad, diversos procedimientos dan la posibilidad de intervenir en los mecanismos de la procreación, no sólo para facilitarlos, sino también para dominarlos. Si tales técnicas permiten al hombre “tener en sus manos el propio destino”, lo exponen también “a la tentación de transgredir los límites de un razonable dominio de la naturaleza”. Por eso, aun cuando tales técnicas pueden constituir un progreso al servicio del hombre, al mismo tiempo comportan graves riesgos. De ahí que se eleve, por parte de muchos, una llamada urgente a salvaguardar los valores y los derechos de la persona humana en las intervenciones sobre la procreación. La demanda de luz y de orientación proviene no sólo de los fieles, sino también de cuantos reconocen a la Iglesia, “experta en humanidad”, una misión al servicio de la “civilización del amor” y de la vida”.

b) El mensaje:

El documento tiene la virtud de ofrecer una respuesta a la cuestión planteada sobre la valoración de las técnicas de procreación artificial a partir de principios. En este sentido, explica con claridad: “los valores fundamentales relacionados con las técnicas de procreación artificial humana son dos: la vida del ser humano llamado a la existencia y la originalidad con que esa vida es transmitida en el matrimonio. El juicio moral sobre los métodos de procreación artificial tendrá que ser formulado a la luz de esos valores”.

Justamente en torno a estos dos principios se estructura luego el documento, que se despliega en tres capítulos: el respeto de los embriones humanos; las intervenciones sobre la procreación humana; y la relación entre moral y ley civil.

La protección del embrión humano: En apretada síntesis podemos decir que en este documento se ratifica la inviolabilidad de la vida humana individual desde que el óvulo es fecundado, se sostiene la licitud del diagnóstico prenatal si se orienta hacia la custodia del nuevo ser o hacia su curación pero “se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto”. Se señalan como lícitas “las intervenciones sobre el embrión humano siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual” y se denuncia como contrario a la moral “producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible”. Finalmente, se observa que “la misma congelación de embriones, aunque se realice para mantener en vida al embrión —crioconservación—, constituye una ofensa al respeto debido a los seres humanos, por cuanto les expone a graves riesgos de muerte o de daño a la integridad física, les priva al menos temporalmente de la acogida y de la gestación materna y les pone en una situación susceptible de nuevas lesiones y manipulaciones”.

Valoración de la procreación artificial: Respecto a la “procreación artificial” o “fecundación artificial”, es decir, “los diversos procedimientos técnicos encaminados a lograr la concepción de un ser humano por una vía diversa de la unión sexual del varón con la mujer”, distingue según sea intra o extracorpórea y homóloga o heteróloga. En cuanto a la heteróloga, que es aquella en que se usa material genético ajeno a los cónyuges, denuncia que “es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio”. También observa que “lesiona los derechos del hijo, lo priva de la relación filial con sus orígenes paternos y puede dificultar la maduración de su identidad personal”. Por las mismas razones rechaza la maternidad sustitutiva.

En cuanto a la fecundación artificial homóloga, intentando una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal, realiza objetivamente una separación entre los bienes y los significados del matrimonio. Luego dirá: “La inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural”. Sobre la fecundación in vitro (extracorpórea), decía el documento que“se realiza fuera del cuerpo de los cónyuges por medio de gestos de terceras personas, cuya competencia y actividad técnica determina el éxito de la intervención; confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a padres e hijos”.

Respecto al médico, aclaraba: “El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar el acto conyugal, sea para facilitar su realización, sea para que el acto normalmente realizado consiga su fin. Sucede a veces, por el contrario, que la intervención médica sustituye técnicamente al acto conyugal, para obtener una procreación que no es ni su resultado ni su fruto: en este caso el acto médico no está, como debería, al servicio de la unión conyugal, sino que se apropia de la función procreadora y contradice de ese modo la dignidad y los derechos inalienables de los esposos y de quien ha de nacer”.

Moral y ley civil: Finalmente, el tercer apartado sobre la moral y la ley civil se refiere al derecho inviolable de todo individuo humano inocente a la vida, los derechos de la familia y de la institución matrimonial como valores morales fundamentales y elementos constitutivos de la sociedad civil y de su ordenamiento jurídico. “Por estas razones, las nuevas posibilidades de la técnica en el campo de la biomedicina requieren la intervención de las autoridades políticas y legislativas, porque el recurso incontrolado a esas técnicas podría tener consecuencias imprevisibles y nocivas para la sociedad civil”.

c) Su actualidad:

En 2008, la instrucción “Dignitas Personae” de la misma Congregación para la Doctrina de la Fe significó una actualización del documento “Donum Vitae”. Pero al releer DV luego de 30 años podemos constatar que conserva toda su actualidad y profecía. En estos años se produjeron profundas transformaciones:

  • Del debate sobre la procreación artificial hoy se ha pasado a discutir el deseo reproductivo y la voluntad de fijar las características de la descendencia.
  • Del recurso a gametos para la fecundación, se han expandido las técnicas que hoy experimentan con la clonación, la hibridación, las quimeras, la edición genética, la partenogénesis y otras formas de manipulación embrionaria.
  • De una perspectiva sanitaria se ha pasado a una creciente presión sobre los padres a quienes se les pretende imponer un deber de tener el mejor hijo posible, como declama Julian Savulescu.
  • De la fecundación de embriones para su transferencia inmediata, se ha pasado a una generación de embriones para su selección a través de cada vez más sofisticados diagnósticos genéticos preimplantatorios.
  • De la discusión en torno al aborto de personas con discapacidad, se ha pasado a su eliminación sistemática a través de diagnósticos prenatales igualmente precisos y también por la presión hacia los médicos bajo amenaza de juicios de mala praxis y hacia los padres por amenazas de exclusión de cobertura.
  • De la discusión en torno al inicio de la vida, se ha pasado a discutir si la vida es un bien absoluto y si no debe considerarse como algo disponible y operable según criterios de conveniencia y utilidad.
  • En muchos países, todavía no se han sancionado leyes que ponen cauces a las biotecnologías y se han justificado atentados contra la vida humana y contra esa originalidad de la transmisión de la vida.

El desafío que señalaba Donum Vitae continúa vigente: “La esterilidad no obstante, cualquiera que sea la causa y el pronóstico, es ciertamente una dura prueba. La comunidad cristiana está llamada a iluminar y sostener el sufrimiento de quienes no consiguen ver realizada su legítima aspiración a la paternidad y a la maternidad. Los esposos que se encuentran en esta dolorosa situación están llamados a descubrir en ella la ocasión de participar particularmente en la cruz del Señor, fuente de fecundidad espiritual. Los cónyuges estériles no deben olvidar que “incluso cuando la procreación no es posible, no por ello la vida conyugal pierde su valor. La esterilidad física, en efecto, puede ser ocasión para los esposos de hacer otros importantes servicios a la vida de las personas humanas, como son, por ejemplo, la adopción, los varios tipos de labores educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos”. Muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad. Salvaguardando plenamente la dignidad de la procreación humana, algunos han obtenido resultados que anteriormente parecían inalcanzables. Se debe impulsar a los hombres de ciencia a proseguir sus trabajos de investigación, con objeto de poder prevenir y remediar las causas de la esterilidad, de manera que los matrimonios estériles consigan procrear respetando su dignidad personal y la de quien ha de nacer”.

Para leer el documento completo:

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19870222_respect-for-human-life_sp.html

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.