La laicidad positiva y la Corte Suprema

En el marco del debate sobre la educación religiosa en las escuelas públicas de Salta que se realizó en distintas audiencias ante la Corte Suprema, emerge una propuesta que viene a precisar la siempre tensa relación entre religión y estado. Nos referimos a la idea de una laicidad positiva.

Entre los escritos de “amigos del Tribunal”, fueron las universidades Católica Argentina y Austral, los que llevaron la voz cantante en relación a este importante eje del debate. Mientras que la UCA brindó explicaciones a nivel teórico sobre esta tensión y explicó el pensamiento del Papa Francisco en el tema, la Austral puso el foco en explicar cómo la Constitución Nacional adopta, especialmente luego de la reforma de 1994, ese modelo de laicidad positiva.

El escrito de la UCA: en la presentación que llevó la firma del Rector, Mons. Víctor M. Fernández, la UCA señaló que en cuanto a la relación entre Estado y religión existen dos modelos antagónicos: “por un lado la confesionalidad estatal cuando el Estado acepta una única religión oficial (ejemplo de ello serían los países del norte de Europa con su tradición protestante) y, por otro lado, la laicidad estatal que se ha plasmado principalmente en la Constitución Francesa (única Constitución que ha consignado la expresión “República laica”) según la cual el Estado relega el fenómeno religioso a la conciencia individual”.

Explica en su escrito el Rector que, “entre ambos extremos, la doctrina ha señalado de modo abundante especialmente en las últimas décadas que existe un modelo intermedio que ni coloca a ninguna Religión como “oficial”, ni impide que el fenómeno religioso tenga presencia en el ámbito público, sea en la educación, en los símbolos en edificios públicos e incluso en los fundamentos de la argumentación jurídica. Tal modelo se ha denominado laicidad positiva, ponderada, relativa”.

Y recordó dos intervenciones del Papa Francisco. Por un lado, el Discurso en Brasil ante los dirigentes políticos en que señalaba que “la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia de la dimensión religiosa en la sociedad, favoreciendo sus expresiones más concretas”. Del mismo modo, el Papa al encontrarse con el Presidente de la República italiana, reiteró esta valiosa doctrina de la laicidad positiva describiéndola como “no hostil ni conflictiva, sino amigable y colaborativa, que asegura la rigurosa distinción de las competencias propias de las instituciones tanto políticas como religiosas. Una laicidad que mi predecesor Benedicto XVI definió como ´positiva´. Y no se puede dejar de observar cómo, gracias a ella, las relaciones entre Estado e Iglesia son excelentes, con ventaja para los individuos y para la comunidad de toda la Nación” (Papa Francisco, Palazzo del Quirinale, 10 de junio de 2017).

La laicidad positiva en la Constitución Nacional: Siguiendo al pensamiento del jurista Alfonso Santiago, la Universidad Austral precisó las principales notas que definen la laicidad positiva son: a) clara distinción de los ámbitos propios de la política y de la religión y laicidad del Estado; b) consideración positiva del fenómeno religioso; c) reconocimiento amplio y efectivo de la libertad religiosa como derecho humano fundamental de la persona y de los las comunidades religiosas; d) autonomía y libertad de las comunidades religiosas; e) relaciones de cooperación entre el Estado y las comunidades religiosas.

También explicaron en su escrito por qué la Constitución Nacional adopta el modelo de laicidad positiva:

  • adhesión a una concepción teísta que considera a Dios como fundamento último del orden jurídico y moral (invocación final del Preámbulo y art. 19). Este rasgo fue mantenido por la reforma de 1994.
  • establecimiento de un régimen amplio de libertad de culto, inédito al momento de la sanción de la CN de 1853, extensivo tanto para los nacionales como a los extranjeros (arts.14 y 20), que luego de 1994 se desarrolló en una amplia protección de la libertad religiosa a través de la incorporación de los Tratados Internacionales (art. 75 inc. 22).
  • consideración preferente al culto católico, apostólico, romano, fundada en razones históricas, sociológicas y culturales (Art. 2), pero con un sistema de plena autonomía y libre ejercicio de su misión por parte de la Iglesia Católica, en relaciones con el Estado regladas por el Acuerdo con la Santa Sede de 1966. Además, en 1994 se quitó la exigencia de pertenecer al culto católico para ser Presidente de la Nación incorporando la referencia a las convicciones religiosas al momento del juramento (art. 83)
  • Se suprimió como finalidad estatal la conversión de los indios al catolicismo como consecuencia de la laicidad propia del Estado y de las exigencias de la libertad religiosa.

En síntesis, las audiencias ante la Corte Suprema han permitido exponer una línea argumental renovada sobre las relaciones entre religión y estado, en busca de superar laicismos anacrónicos que pretenden relegar lo religioso al campo estrictamente individual sin resonancias en la vida pública.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.