El ofrecimiento de la propia vida

El Papa Francisco establece una nueva manera de alcanzar la santidad en la Iglesia.

El 11 de julio de 2017, el Papa Francisco ha publicado la Carta Apostólica en forma Motu Proprio “Maiorem hac dilectionem”, en la cual se establece una nueva forma de santidad: el ofrecimiento de la propia vida.

Hasta el momento, los documentos que regían las causas de canonización y beatificación (la Constitución Apostólica Divinis perfectionis Magister, firmada por san Juan Pablo II en el año 1983 y la Instrucción Sanctorum Mater, emitida por la Congregación de las Causas de los Santos en el año 2007) establecían dos caminos para probar la santidad: la heroicidad de las virtudes y el martirio, cada uno con sus particularidades en cuanto al proceso.

La heroicidad de las virtudes es, quizás, la forma más común para llegar a la canonización de un Siervo de Dios, es decir, de un fiel católico del cual se ha iniciado la causa de beatificación y canonización. Se trata de la confirmación de que esta persona en vida, en su muerte y después de su muerte tuvo fama de santidad, viviendo heroicamente todas las virtudes cristianas. La segunda forma de afirmar la santidad se da con respecto a aquellos que, siguiendo al Señor más de cerca, sacrificaron su vida en el acto del martirio.

El título del nuevo Motu Proprio aprobado por el Papa Francisco se refiere al pasaje evangélico en el que se afirma que “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). El Papa reconoce que “el ofrecimiento heroico de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una imitación verdadera, completa y ejemplar de Cristo y, por tanto, es merecedor de la admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a los que han aceptado voluntariamente el martirio de sangre o han ejercido heroicamente las virtudes cristianas”.

Así, a partir de ahora, el ofrecimiento de la vida es un nuevo caso del iter de beatificación y canonización, distinto del caso de martirio y de heroicidad de las virtudes. Para que este ofrecimiento sea válido y eficaz para la beatificación de un Siervo de Dios, debe cumplir los siguientes criterios: debe tratarse del ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación, por caridad, de una muerte segura, y a corto plazo; debe existir relación entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura; antes del ofrecimiento de la vida y, después, hasta la muerte, la persona debe haber ejercido por lo menos en grado ordinario, las virtudes cristianas; debe comprobarse la existencia de la fama de santidad y de los signos, al menos después de la muerte; se requiere el milagro para la beatificación, sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión (art. 2 del Motu Proprio).

El nuevo documento reforma algunos artículos de la Constitución Apostólica Divinus perfectiones Magister y de las Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis facendis in Causis Sanctorumse, ambas de 1983.

Este nuevo camino de santidad de alguna manera refleja situaciones que puede vivir hoy un fiel en las cuales, sin llegar al martirio, se coloca toda la existencia como ofrecimiento real, consciente y voluntario en favor de los hermanos.

Entradas relacionadas

Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.