La misericordia, “lo que a Dios más le gusta”

Con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro el 8 de diciembre de 2015, el Papa Francisco inauguró el Jubileo por el Año Santo de la Misericordia, que es una ocasión para que toda la Iglesia ponga “en el centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la fe cristiana, es decir Jesucristo, el Dios misericordioso”.

En la Catequesis de la Audiencia General del 9 de diciembre, el Papa explicó por qué un Jubileo de la Misericordia y qué significa esto.

Una necesidad: Ante todo, el Papa enfatiza que la Iglesia “tiene necesidad de este momento extraordinario”. Y señala que “en nuestra época de profundos cambios, la Iglesia está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable para todos nosotros, para que contemplando la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece sobre la oscuridad del pecado, lleguemos a ser testigos más convencidos y eficaces”.

El perdón olvidado: esta necesidad de volver a dar centralidad a la misericordia se presenta, para el Papa, “especialmente en nuestro tiempo, donde el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida humana, la referencia a la misericordia se hace más urgente, y esto en todos los sitios: en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia”.

“Lo que a Dios más le gusta”: para el Papa, “este Jubileo, en definitiva, es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente «lo que a Dios más le gusta». Y, ¿qué es lo que «a Dios más le gusta»? Perdonar a sus hijos, tener misericordia con ellos, a fin de que ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo. Esto es lo que a Dios más le gusta. San Ambrosio, en un libro de teología que había escrito sobre Adán, toma la historia de la creación del mundo y dice que Dios cada día, después de crear cada cosa —la luna, el sol o los animales— dice: «Y vio Dios que era bueno». Pero cuando hizo al hombre y a la mujer, la Biblia dice: «Vio que era muy bueno». San Ambrosio se pregunta: «¿Por qué dice “muy bueno”? ¿Por qué Dios está tan contento después de la creación del hombre y de la mujer?». Porque al final tenía alguien a quien perdonar. Es hermoso esto: la alegría de Dios es perdonar, la esencia de Dios es misericordia.

A lo largo de otras entregas iremos profundizando distintos aspectos de este Año de la Misericordia. Dios quiera que todos podamos vivir a fondo la misericordia y “experimentar en nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia junto a nosotros y su cercanía sobre todo en los momentos de mayor necesidad”. Y que esa experiencia de Dios se traduzca en salir a los demás, con las obras de misericordia y la fuerza del amor y la verdad.

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