Sin familia, los individuos aislados son fáciles de manipular

Ciertamente la cuestión social está en el centro de la predicación del Papa Francisco. De hecho, en su documento programático, Evangelii Gaudium, el anuncio explícito del Evangelio (capítulo 3) junto con la dimensión social de la evangelización (capítulo 4) constituyen las dos grandes caras de la tarea evangelizadora hoy.

En ese marco, la familia ocupa un lugar muy especial para el Papa en la tarea de edificar una sociedad justa y desarrollada. Como ya hemos señalado en otras ocasiones, el Papa advierte que “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Evangelii Gaudium, 2).

Durante el viaje a Cuba y Estados Unidos, el Papa tuvo ocasión de referirse a la importancia de la familia para la edificación de la sociedad. En este sentido, es interesante advertir que para el Papa la familia fuerte hace más fuertes a las personas ante el riesgo de la manipulación en medio de un mundo fragmentado y consumista.

En la familia aprendemos solidaridad: El 23 de septiembre de 2015, en el encuentro con las familias en la catedral Nuestra Señora de la Asunción de Santiago, en Cuba, decía el Papa: “Es en casa [en la familia] donde aprendemos la fraternidad, donde aprendemos la solidaridad, donde aprendemos el a no ser avasalladores. Es en casa donde aprendemos a recibir y a agradecer la vida como una bendición y que cada uno necesita a los demás para salir adelante…Por eso la comunidad cristiana llama a las familias con el nombre de iglesias domésticas”.

Sin familia los individuos son fáciles de manipular: “Sin familia, sin el calor del hogar, la vida se vuelve vacía -reafirmó el Papa- comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad. La familia nos salva de dos fenómenos actuales: la fragmentación…, y la masificación. En ambos casos, las personas se transforman en individuos aislados fáciles de manipular, y de gobernar. Y entonces encontramos en el mundo sociedades divididas, rotas, separadas o altamente masificadas… Y se van como olvidando esas relaciones que son el fundamento”.

La familia, escuela de humanidad: “La familia es escuela de humanidad, escuela que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros, a estar atento a la vida de los demás. …A pesar de tantas dificultades como las que aquejan hoy a nuestras familias en el mundo, no nos olvidemos de algo, por favor: las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad. Una oportunidad que tenemos que cuidar, proteger, y acompañar…”, afirmó Francisco.

Un mundo con familias, la mejor herencia: el Papa continuó: “Se discute mucho hoy sobre el futuro, sobre qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos, qué sociedad queremos para ellos. Creo que una de las posibles respuestas es: Dejemos un mundo con familias. Es la mejor herencia…. Es cierto que no existe la familia perfecta…pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. Por eso, cuidemos a nuestras familias, verdaderas escuelas del mañana… verdaderos espacios de libertad…verdaderos centros de humanidad”.

Entradas relacionadas

Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.