El consumismo, desafío de la pastoral familiar

Para el Papa Francisco, “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Evangelii Gaudium, 2). Este desafío del consumismo es una de las nuevas cuestiones sociales, como hemos señalado en anteriores boletines (http://tiempodeevangelizar.org/?p=2940).

Lógicamente, este desafío no puede ser ajeno a ninguna de las dimensiones de la evangelización y mucho menos a la pastoral familiar. Es más, en el corazón del problema de la evangelización de la familia se encuentra el desafío del consumismo.

En su viaje a Estados Unidos, el 28 de septiembre de 2015 ante los Obispos que participaban del Encuentro Mundial de las Familias, el Papa Francisco profundizó este desafío y la importancia de fortalecer los vínculos familiares y humanos como respuesta no sólo a las búsquedas personales profundas, sino como forma decisiva de contribuir al desarrollo social.

El cambio de contexto: En su discurso, el Papa comenzó constatando un cambio de contexto social: “Hasta hace poco, -afirmó el Santo Padre- vivíamos en un contexto social donde la afinidad entre la institución civil y el sacramento cristiano era fuerte y compartida, coincidían sustancialmente y se sostenían mutuamente. Ya no es así”.

La comparación entre el almacén y el shopping center: Para Francisco, la situación puede comprenderse utilizando la comparación entre almacenes y shoppings. Dice el Papa: “Algún tiempo atrás uno podía encontrar en un mismo comercio o almacén todas las cosas necesarias para la vida personal y familiar -es cierto que pobremente expuesto, con pocos productos y, por lo tanto, con escasa posibilidad de elección-. Pero había un vínculo personal entre el dueño del negocio y los vecinos compradores… Uno se fiaba del otro. Se animaba a confiar”. ”En estas últimas décadas se ha desarrollado y ampliado otro tipo de negocios: los shopping center. Grandes superficies con un gran número de opciones y oportunidades. El mundo parece que se ha convertido en un gran shopping, donde la cultura ha adquirido una dinámica competitiva. Ya no se vende fiado, ya no se puede fiar de los demás. No hay un vínculo personal, una relación de vecindad”.

La cultura del consumismo en las relaciones: Así, sobre la base de la imagen del shopping, dice el Papa: “La cultura actual parece estimular a las personas a entrar en la dinámica de no ligarse a nada ni a nadie. A no fiar ni fiarse. .. Lo importante hoy parece que lo determina el consumo. Consumir relaciones, consumir amistades, consumir religiones, consumir, consumir… No importa el costo ni las consecuencias. Un consumo que no genera vínculos, un consumo que va más allá de las relaciones humanas. Los vínculos son un mero ”trámite” en la satisfacción de ”mis necesidades”. Lo importante deja de ser el prójimo, con su rostro, con su historia, con sus afectos”.

Descarte y soledad: Esta cultura del “no ligarse”, del consumir relaciones, “genera una cultura que descarta todo aquello que ya ”no sirve” o ”no satisface” los gustos del consumidor”. Continúa el Papa: “Hemos hecho de nuestra sociedad una vidriera pluricultural amplísima, ligada solamente a los gustos de algunos ”consumidores” y, por otra parte, son muchos ¡tantos! los otros, los que solo ”comen las migajas que caen de la mesa de sus amos” Esto genera una herida grande, una herida cultural muy grande. Me atrevo a decir que una de las principales pobrezas o raíces de tantas situaciones contemporáneas está en la soledad radical a la que se ven sometidas tantas personas. … Una soledad con miedo al compromiso y en una búsqueda desenfrenada por sentirse reconocido”.

¿Y los jóvenes? Este duro diagnóstico no tiene que llevar al desencanto o la condena. El Papa lo afirma con claridad ante los Obispos: ”¿Debemos condenar a nuestros jóvenes por haber crecido en esta sociedad? ..¿Ellos deben ellos escuchar de sus pastores frases como: ”Todo pasado fue mejor”..No, no creo, que este sea el camino. Nosotros, pastores tras las huellas del Pastor, estamos invitados a buscar, acompañar, levantar, curar las heridas de nuestro tiempo. Mirar la realidad con los ojos de aquel que se sabe interpelado al movimiento, a la conversión pastoral. El mundo hoy nos pide y reclama esta conversión pastoral. ”Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo…El Evangelio no es un producto para consumir, no entra en esta cultura del consumismo”.

La interiorización de un miedo inconsciente al matrimonio: Continuando con la propuesta pastoral, el Papa profundiza en torno a cuál es el pensamiento de los jóvenes ante el matrimonio: ”Nos equivocaríamos si pensáramos que esta ”cultura” del mundo actual sólo tiene aversión al matrimonio y a la familia, en términos de puro y simple egoísmo. .. No caigamos en la trampa. Muchos jóvenes, en medio de esta cultura disuasiva, han interiorizado una especie de miedo inconsciente, y tienen miedo, un miedo inconsciente, y no siguen los impulsos más hermosos, más altos y también más necesarios. Hay muchos que retrasan el matrimonio en espera de unas condiciones de bienestar ideales. Mientras tanto la vida se consume sin sabor. …En el Congreso, hace unos días, decía que estamos viviendo una cultura que impulsa y convence a los jóvenes a no fundar una familia, unos por la falta de medios materiales para hacerlo y otros por tener tantos medios que están muy cómodos así, pero esa es la tentación, no fundar una familia”.

El entusiasmo para formar familias con la bendición de Dios: Dice el Papa que “como pastores, los obispos estamos llamados a aunar fuerzas y relanzar el entusiasmo para que se formen familias que, de acuerdo con su vocación, correspondan más plenamente a la bendición de Dios. Tenemos que emplear nuestras energías, no tanto en explicar una y otra vez los defectos de la época actual y los méritos del cristianismo, sino en invitar con franqueza a los jóvenes a que sean audaces y elijan el matrimonio y la familia”.

El Evangelio de la Familia: para el Papa “el pastor ha de mostrar que el ”Evangelio de la familia” es verdaderamente ”buena noticia” para un mundo en que la preocupación por uno mismo reina por encima de todo. No se trata de fantasía romántica: la tenacidad para formar una familia y sacarla adelante transforma el mundo y la historia. Son las familias las que transforman el mundo y la historia”.

La alianza entre la Iglesia y la familia: ante esta realidad, el Papa propone: ”En la óptica de la fe, nuestro ministerio necesita desarrollar la alianza de la Iglesia y la familia… de lo contrario, se marchita, y la familia humana, por nuestra culpa, se alejará irremediablemente de la alegre noticia evangélica de Dios e irá al supermercado de moda a comprar el producto que en ese momento más le guste”.

La misericordia: en el trabajo del Obispo, el Papa propone cultivar infinita paciencia y sembrar sin resentimiento en los surcos a menudo desviados – pues realmente tenemos que sembrar tantas veces en surcos desviados – también una mujer samaritana con cinco ”no maridos” será capaz de dar testimonio. Y frente a un joven rico, que siente tristemente que se lo ha de pensar todavía con calma, habrá un publicano maduro se apurará para bajar del árbol y se desvivirá por los pobres en los que hasta ese momento no había pensado nunca”.

Finalmente, el Papa culminó con un pedido: ”Hermanos, que Dios nos conceda el don de esta nueva projimidad entre la familia y la Iglesia. La necesita la familia, la necesita la Iglesia, la necesitamos los pastores”.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.