El Papa y la libertad religiosa en el viaje a Estados Unidos

La cuestión de la familia fue el centro del viaje del Papa Francisco a los Estados Unidos. Sin embargo, también podemos decir que la defensa firme de la libertad religiosa fue uno de los grandes mensajes que el Papa quiso dejar. Y en relación a la libertad religiosa, hay que destacar dos momentos particularmente intensos y que reflejan dos de los grandes desafíos que hoy se presentan a la libertad para creer en el mundo.

En la ONU: Por un lado, en la ONU, y ante los líderes de todo el mundo, de alguna manera señaló que la libertad religiosa complementa en el plano espiritual, aquélla enseñanza sobre las tres T: “los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Este mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad de espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y todos los otros derechos cívicos”. Pero en particular se detuvo en el conflicto en Medio Oriente: “aun deseando no tener la necesidad de hacerlo, no puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo el Oriente Medio, del norte de África y de otros países africanos, donde los cristianos, junto con otros grupos culturales o étnicos e incluso junto con aquella parte de los miembros de la religión mayoritaria que no quiere dejarse envolver por el odio y la locura, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y haberes y han sido puestos en la disyuntiva de huir o de pagar su adhesión al bien y a la paz con la propia vida o con la esclavitud”. Y continuaba: “Estas realidades deben constituir un serio llamado a un examen de conciencia de los que están a cargo de la conducción de los asuntos internacionales. No solo en los casos de persecución religiosa o cultural, sino en cada situación de conflicto, como Ucrania, Siria, Irak, en Libia, en Sudán del Sur y en la región de los Grandes Lagos, hay rostros concretos antes que intereses de parte, por legítimos que sean. En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte cuando la actividad consiste solo en enumerar problemas, estrategias y discusiones”.

Así, el Papa reiteró el pedido que hizo al Secretario General de las Naciones Unidas en una carta del 9 de agosto de 2014: ”la más elemental comprensión de la dignidad humana (obliga) a la comunidad internacional, en particular a través de las normas y los mecanismos del derecho internacional, a hacer todo lo posible para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas” y para proteger a las poblaciones inocentes.

En Filadelfia: Por el otro, el 27 de septiembre, en Filadelfia, en el “Indepence National Historical Park”, el Papa se reunió con la comunidad hispánica y otros inmigrantes, y reflexionó sobre el derecho a la libertad religiosa, ‘uUn derecho fundamental que da forma a nuestro modo de interactuar social y personalmente con nuestros vecinos, que tienen creencias religiosas distintas a la nuestra”. Vale recordar que en Estados Unidos existe un fuerte debate en torno a la libertad religiosa, que se expresa en la pretensión de algunos de imponer una forma única de pensar en materia de vida y familia y obligando a las religiones a silenciar sus enseñanzas y a reducirse a los lugares de culto, sin poder opinar sobre los grandes debates sociales.

Ante estas tensiones, el Papa explicó que ‘la libertad religiosa, sin duda, comporta el derecho de a adorar a Dios, individualmente y en comunidad, de acuerdo con la propia nuestra conciencia. Pero, por otro lado, la libertad religiosa, por su naturaleza, trasciende los lugares de culto y la esfera privada de los individuos y las familias, porque el hecho religioso, la dimensión religiosa, no es una subcultura, es parte de la cultura de cualquier pueblo y de cualquier nación. Nuestras distintas tradiciones religiosas sirven a la sociedad sobre todo por el mensaje que proclaman…. Nos recuerdan la dimensión trascendente de la existencia humana y de nuestra libertad irreductible frente a la pretensión de cualquier poder absoluto”.

Para el Papa, las religiones contribuyen a la paz y enriquecen la vida social. Así, pidió a los hispanos que “no se avergüencen nunca de sus tradiciones. No olviden las lecciones que aprendieron de sus mayores, y que pueden enriquecer la vida de esta tierra americana”. Y continuó: “Pienso, en particular, en la vibrante fe que muchos de ustedes poseen, en el profundo sentido de la vida familiar y los demás valores que han heredado. Al contribuir con sus dones, no solo encontrarán su lugar aquí, sino que ayudarán a renovar la sociedad desde dentro. No perder la memoria de lo que pasó aquí hace más de dos siglos. No perder la memoria de aquella Declaración que proclamó que todos los hombres y mujeres fueron creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, y que los gobiernos existen para proteger y defender esos derechos”

Y Francisco finalizó su discurso dando gracias a todos por su calurosa bienvenida y afirmando: ”Conservemos la libertad. Cuidemos la libertad. La libertad de conciencia, la libertad religiosa, la libertad de cada persona, de cada familia, de cada pueblo, que es la que da lugar a los derechos”.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.