Francisco y la pobreza consagrada en La Habana y Nueva York

El viaje del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ciertamente ha sido muy significativo en su ministerio como Sucesor de Pedro. El viaje también se realizó en el marco del Año de la Vida Consagrada. Así, resulta interesante detenerse en los mensajes que dejó el Papa a los consagrados durante este viaje. En este sentido, tanto en Cuba como en Estados Unidos se reunió a rezar Vísperas con sacerdotes y consagrados. En ambos lugares se refirió a la pobreza, aunque desde distintos aspectos de este consejo evangélico. A continuación compartimos unas reflexiones sobre estos encuentros.

En Cuba: El 20 de septiembre, en la Catedral de La Habana, el Papa presidió el rezo de Vísperas con sacerdotes y consagrados. Allí se refirió a la “pobreza”. El Papa resaltó que el “espíritu mundano no la conoce, no la quiere, la esconde, no por pudor, sino por desprecio, y si tiene que pecar y ofender a Dios para que no le llegue la pobreza lo hace, el espíritu del mundo no ama el camino del hijo de Dios que se vació a sí mismo, se hizo pobre, se hizo nada, se humilló para ser uno de nosotros”. El Papa alertó a los consagrados porque “la pobreza siempre tratamos de escamotearla” y por eso invitó a vivir el consejo de San Ignacio: “la pobreza era el muro y la madre de la vida consagrada; era la madre porque engendraba más confianza en Dios y era el muro porque la protegía de toda mundanidad”.

“Cuántas almas destruidas, almas generosas como la del joven entristecido que empezaron bien y después se le fue apegando el amor a esa mundanidad rica y terminaron mal, es decir mediocres, terminaron sin amor, porque la riqueza pauperiza, pero pauperiza mal, nos quita lo mejor que tenemos, nos hace pobres en la única riqueza que vale la pena para poner la seguridad en lo otro”.

“El espíritu de pobreza, el espíritu de despojo, el espíritu de dejarlo todo para seguir a Jesús, esto de dejarlo todo no lo invento yo, varias veces aparece en el Evangelio, en el llamado de los primeros que dejaron la barca, las redes y lo siguieron, los que dejaron todo para seguir a Jesús”.

“Amen la pobreza como a madre, y simplemente les sugiero si alguno de ustedes tiene ganas de preguntarse cómo está mi espíritu de pobreza, cómo está mi despojo interior, creo que puede hacer bien a nuestra vida consagrada, a nuestra vida presbiteral, después de todo no nos olvidemos que es la primera de las Bienaventuranzas: “Felices los pobres de espíritu”, los que no están apegados a las riquezas, a los poderes de este mundo.

En Nueva York: A su vez, el 25 de septiembre de 2015 rezó Visperas con el clero y los consagrados y consagradas en la catedral de New York. También allí se refirió a la pobreza, pero en una dimensión diferente. Se refirió aquí a otra dimensión de la pobreza: la laboriosidad. Es interesante que en el ámbito del encuentro con consagrados en Nueva York haya también hablado de otra de las expresiones que tiene la pobreza consagrada, que es el trabajo laborioso. También en este caso el Papa, con su habitual estilo interpelante de padre espiritual, invitó a examinar el corazón para ver si era un corazón agradecido y laborioso, o bien mundano y apegado a nosotros mismos.

”Un corazón agradecido busca espontáneamente servir al Señor y llevar un estilo de vida de trabajo intenso -dijo introduciendo el aspecto de la laboriosidad- El recuerdo de lo mucho que Dios nos ha dado nos ayuda a entender que la renuncia a nosotros mismos para trabajar por Él y por los demás es el camino privilegiado para responder a su gran amor. Sin embargo, y para ser honestos, tenemos que reconocer con qué facilidad se puede apagar este espíritu de generoso sacrificio personal. Esto puede suceder de dos maneras, y las dos maneras son ejemplo de la ”espiritualidad mundana”, que nos debilita en nuestro camino…de servicio y oscurece la fascinación, el estupor, del primer encuentro con Jesucristo”.

”Podemos caer en la trampa de medir el valor de nuestros esfuerzos apostólicos con los criterios de la eficiencia, de la funcionalidad y del éxito externo, que rige el mundo de los negocios. Ciertamente, estas cosas son importantes. Se nos ha confiado una gran responsabilidad y justamente por ello el Pueblo de Dios espera de nosotros una correspondencia. Pero…la cruz nos indica una forma distinta de medir el éxito: a nosotros nos corresponde sembrar, y Dios ve los frutos de nuestras fatigas. Si alguna vez nos pareciera que nuestros esfuerzos y trabajos se desmoronan y no dan fruto, tenemos que recordar que nosotros seguimos a Jesucristo, cuya vida, humanamente hablando, acabó en un fracaso: en el fracaso de la cruz”.

”El otro peligro -advirtió- surge cuando somos celosos de nuestro tiempo libre. Cuando pensamos que las comodidades mundanas nos ayudarán a servir mejor… Poco a poco, pero de forma inexorable, disminuye nuestro espíritu de sacrificio, nuestro espíritu de renuncia y de trabajo. Y además nos aleja de las personas que sufren la pobreza material y se ven obligadas a hacer sacrificios más grandes que los nuestros, sin ser consagrados. El descanso es necesario, así como un tiempo para el ocio y el enriquecimiento personal, pero debemos aprender a descansar de manera que aumente nuestro deseo de servir generosamente. La cercanía a los pobres, a los refugiados, a los inmigrantes, a los enfermos, a los explotados, a los ancianos que sufren la soledad, a los encarcelados y a tantos otros pobres de Dios nos enseñará otro tipo de descanso, más cristiano y generoso”.

La pobreza, madre y muro de la vida consagrada. La pobreza vivida en una laboriosidad que no cae en el eficientismo, ni en la comodidad. Dimensiones importantes de la vida consagrada que el Papa ha querido enfatizar en este significativo viaje apostólico y lo hizo en lugares tan distintos como La Habana y Nueva York. Recemos por los consagrados y su fidelidad a esa vocación en este Año de la Vida Consagada.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.