La misericordia en el núcleo de la reflexión del Papa sobre la Iglesia

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Hace pocos días el Papa Francisco convocó oficialmente a un Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Para la tradición judeo-cristiana, el Jubileo es un tiempo especial de gracia, en la que el pueblo es llamado a alegrarse y a vivir con intensidad un determinado aspecto de su práctica religiosa. En este caso, el Santo Padre nos llama a vivir con particular fuerza el don de la misericordia, durante un año que comenzará el próximo 8 de diciembre y concluirá el 20 de noviembre 2016.

El Jubileo fue anunciado con un documento papal, la Bula de convocatoria Misericordiae Vultus, firmada el pasado 11 de abril. Durante el año jubilar, el Papa llama a reflexionar particularmente sobre las obras de misericordia corporales y espirituales, y a ponerlas en práctica en nuestras vidas sobre todo con quienes están más necesitados de nuestro apoyo y cercanía. Una invaluable ayuda para vivir este don se encuentra en la apertura al sacramento de la Reconciliación, fuente de verdadera paz interior.

Desde el inicio de su pontificado, Francisco ha acentuado el matiz de la misericordia divina. En la Bula, el Papa desarrolla detenidamente su pensamiento al respecto del tema.

Se refiere en primer lugar al atributo de la misericordia divina en el cual, al decir de Santo Tomás, se manifiesta la omnipotencia de Dios y se expresa en la prevalencia de su bondad por encima del castigo y la destrucción. La misericordia divina es un “sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón”, que “se dona y ofrece gratuitamente”, que perdona los pecados de los hombres , eleva y dignifica al pecador y lo hace discípulo y misionero.

Además de ser un atributo de Dios, la misericordia es también modelo para la relación entre los hombres. Se encarna concretamente en el perdón, el cual es aludido por el Papa como “el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón”. Para vivir la misericordia es necesario “dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza”. Es imprescindible también aprender a no juzgar y no condenar, lo cual significa para el Papa “saber percibir lo que hay de bueno en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo”. Un corazón misericordioso nos permite abrirnos “a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales”, creadas por el mismo mundo moderno, para que esos hermanos nuestros “sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad”.

No sólo es la misericordia una virtud predicada para los cristianos, sino que es un tema que nos une con muchas otras religiones. Y todavía más, es un don que debe impregnar la misma cultura humana. Recordando a san Juan Pablo II en su encíclica Dives in misericordia, el Papa Francisco lamenta “el olvido del tema de la misericordia en la cultura presente” y urge a “anunciar y testimoniar la misericordia en el mundo contemporáneo”.

Para vivir a fondo la misericordia, el Papa hace un anuncio original en el número 18 de la Bula. Afirma: “Durante la Cuaresma del Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia (…). Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica”, como “signo vivo de cómo el Padre acoge a cuantos están en búsqueda de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo”. El Santo Padre invita particularmente a la conversión a “aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida”, y menciona a quienes pertenecen a algún grupo criminal y a los promotores o cómplices de corrupción.

Que en este Año Santo podamos incorporar cada vez más a nuestra vida la facultad de perdonar, aprendiendo acoger a todos en la vida de la Iglesia, invitándolos un gozoso y gradual camino de conversión.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.