Un desafío de la democracia según el Papa Francisco

manosEn su rico discurso ante el Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014 en Estrasburgo, el Papa Francisco llamó la atención de los eurodiputados sobre los desafíos de la democracia.

En especial, el Papa señaló que “mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico, evitando que su fuerza real – fuerza política expresiva de los pueblos – sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece”.

Este desafío se encuadra en la más amplia dinámica de la “unidad en la diversidad” o la relación “unidad-particularidad”. Así, el Papa les pidió a los diputados “hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa”. En tal sentido, alertó sobre “una concepción uniformadora de la globalidad” que “daña la vitalidad del sistema democrático, debilitando el contraste rico, fecundo y constructivo, de las organizaciones y de los partidos políticos entre sí”. En esa concepción “se corre el riesgo de vivir en el reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma… y se termina por confundir la realidad de la democracia con un nuevo nominalismo político”.

Para el Papa, “mantener viva la democracia en Europa exige evitar tantas «maneras globalizantes» de diluir la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría”.

Las relaciones entre unidad y diversidad, entre la realidad y la idea, son conceptos centrales del pensamiento social del Papa Francisco, como quedó plasmado en el capítulo IV de la exhortación “Evangelii Gaudium“. En esta significativa ocasión, ante el Parlamento Europeo, el Papa volvió a proponer la centralidad de la dignidad trascendente de la persona humana y las exigencias del bien común, como dos ejes de la respuesta social y política ante los desafíos de un consumismo exasperado, un individualismo que tiende a considerar a la persona como un mero recurso y a imponer una “cultura del descarte”, absolutizando la técnica, y minando las bases de toda esperanza en la vida social.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.