20 años de la encíclica Evangelium Vitae de san Juan Pablo II

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Se cumplen 20 años de la publicación de la encíclica “El Evangelio de la Vida” (Evangelium Vitae) del Papa San Juan Pablo II. Desde Tiempo de Evangelizar queremos dar gracias a Dios por esta gran encíclica que conserva toda su actualidad y valor y sigue señalando preclaros rumbos para la tarea de defensa y promoción de la vida humana.

Desde ese 25 de marzo de 1995 muchas cosas han pasado en relación al anuncio, la celebración y el servicio a la vida. A continuación compartimos algunas reflexiones

  • La cultura de la vida: la encíclica acuñó la expresión “cultura de la vida” que vino a dar una perspectiva más amplia a la tarea de defender cada vida humana. En efecto, el Papa quiso enfatizar que la discusión sobre el valor de la vida humana no era simplemente un problema moral, o individual, o incluso meramente legal, sino que era una cuestión que atañe a la cultura, es decir, al modo de vida de los pueblos. De allí que con toda claridad el Papa señale que lo que está en juego es una confrontación entre la cultura de la muerte y la cultura de la vida y nos invita a todos a ser constructores de esa cultura de la vida.
  • Un apostolado pluriforme: la encíclica Evangelium Vitae imprimió un nuevo ardor y empuje al apostolado en favor de la vida. Fue realmente decisivo el encuadre propuesto por el Papa para tal apostolado: anunciar, celebrar y servir a la vida. Así se estructura el capítulo IV de la encíclica y ese esquema todavía hoy tiene valor y permite comprender las múltiples iniciativas existentes en favor de la cultura de la vida. ¡Cuántas e innumerables actividades se han hecho en todo el mundo por la vida! ¡Cuánta gratitud a san Juan Pablo II por su estímulo y testimonio para defender y promover la vida en toda su extensión!
  • Una Iglesia unida en defensa de la vida: en el n. 5 de EV el Papa san Juan Pablo II expresamente sostenía que la encíclica nacía como un pedido unánime del Consistorio extraordinario de Cardenales celebrado en Roma del 4 al 7 de abril de
  • 1991 y dedicado al problema de las amenazas a la vida humana en nuestro tiempo y al testimonio de Obispos de todo el mundo que respondieron a una carta personal del Papa en Pentecostés de 1991. Desde entonces, la Iglesia no ha dejado de levantar su voz por los niños por nacer y las personas con enfermedad terminal, incluyendo las muchas veces que el propio Papa Juan Pablo II se refirió al tema y luego sus sucesores, Benedicto XVI y Francisco.
  • Una adecuada argumentación en favor de la vida: la encíclica permanece insuperable en su articulación de los argumentos para defender la vida y para señalar el mal moral presente en el aborto y la eutanasia. Tales argumentos están desarrollados sobre todo en el capítulo III de la encíclica, bajo el título “No matarás” y presentan una muy honda argumentación desde la ley natural y la moral que, a su vez, se funda en las anteriores enseñanzas de la Encíclica Veritatis Splendor. Por su parte, en el capítulo II encontramos una magnífica exposición sobre el Evangelio de la Vida, es decir, el mensaje cristiano sobre la vida, con toda su plenitud en la Creación, el drama de la caída y la lucha entre el bien y el mal y la fuerza redentora y purificadora de Cristo, quien nos trae la verdadera Vida.
  • El famoso n. 73 y la acción de los políticos por la vida: ciertamente entre los pasajes más famosos de la encíclica se encuentra el nro. 73 que refiere a “los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva” en relación al aborto. Ese número 73 ha ayudado muchísimos a legisladores concretos en su tarea de “limitar los daños” del aborto legal y procurar restringirlo al máximo, siempre cumpliendo con las condiciones allí enumeradas: a) que no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, b) que la posición del parlamentario de absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, c) que se ofrezca el apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública.
  • El día del Niño por nacer: El 25 de marzo se ha instalado en muchos países como el día del Niño por nacer. Esta iniciativa nació en la Argentina en 1998 y desde allí se expande por el mundo en una celebración que gana en creatividad y fuerza ciudadana.
  • El apoyo a la mujer ante el aborto: la encíclica significó un gran estímulo para las acciones destinadas a apoyar a las mujeres para que no tengan que considerar el aborto y también para las mujeres que abortaron para procurar un acompañamiento misericordioso y redentor. ¡Cuántas iniciativas en favor de las madres surgieron luego de este texto programático!

Para terminar este sencillo homenaje, podemos recordar un pasaje del n. 5 de la Encíclica: “La presente Encíclica, fruto de la colaboración del Episcopado de todos los Países del mundo, quiere ser pues una confirmación precisa y firme del valor de la vida humana y de su carácter inviolable, y, al mismo tiempo, una acuciante llamada a todos y a cada uno, en nombre de Dios:¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana!¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!  ¡Que estas palabras lleguen a todos los hijos e hijas de la Iglesia!¡Que lleguen a todas las personas de buena voluntad, interesadas por el bien de cada hombre y mujer y por el destino de toda la sociedad!”

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.