¿Qué es la vida consagrada?

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Del 30 de noviembre de 2014 al 2 de febrero de 2016 la Iglesia celebra el Año de la Vida Consagrada convocado por el Papa Francisco. Presente desde los orígenes mismos de la Iglesia, como una forma de entrega a Dios, luego del Concilio Vaticano II se produjo una profunda renovación a través de dos documentos. Por un lado, la Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, y por el otro, el Decreto Perfectae Caritatis. Tal renovación tuvo un momento muy significativo con el nuevo Código de Derecho Canónico del año 1983.

El Código dedica la tercera Parte del Libro II a los Institutos de Vida Consagrada. Allí se define la vida consagrada en el canon 573 § 1:

“La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial”.

Lejos de ser una fría norma jurídica o de una visión centrada en la eficacia o en sus acciones, el canon 573 nos brinda ricos elementos tanto espirituales como jurídicos.

El fundamento: San Juan Pablo II, en la exhortación Vita Consecrata (1996), también ofrece una profundización de los fundamentos de esta definición: “El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida” (VC 14).

Una vocación: san Juan Pablo II también señala que la vida consagrada es una vocación: “Tal existencia «cristiforme», propuesta a tantos bautizados a lo largo de la historia, es posible sólo desde una especial vocación y gracias a un don peculiar del Espíritu. En efecto, en ella la consagración bautismal los lleva a una respuesta radical en el seguimiento de Cristo mediante la adopción de los consejos evangélicos, el primero y esencial entre ellos es el vínculo sagrado de la castidad por el Reino de los Cielos” (VC 14).

Carácter trinitario: san Juan Pablo II también resalta el carácter trinitario de la vida consagrada. “Este especial «seguimiento de Cristo», en cuyo origen está siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotación esencialmente cristológica y pneumatológica, manifestando así de modo particularmente vivo el carácter trinitario de la vida cristiana, de la que anticipa de alguna manera la realización escatológica a la que tiende toda la Iglesia” (VC 14)

Fundamento evangélico: finalmente, san Juan Pablo II explica que “en el Evangelio son muchas las palabras y gestos de Cristo que iluminan el sentido de esta especial vocación”, aunque para ese documento y como pasaje evangélico particularmente privilegiado para entender la vida consagrada señala el misterio de la Transfiguración (VC 14).

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