El individualismo nos hace humanamente pobres y culturalmente estériles

En su fugaz paso por Estrasburgo, el 25 de noviembre de 2014 el Papa Francisco ofreció dos discursos excelentes que permiten conocer más su diagnóstico cultural y su propuesta en el campo de la vida social y política.

Dirigiéndose al Consejo de Europa, el Santo Padre recurrió a una imagen tomada de “un poeta italiano del siglo XX, Clemente Rebora, que, en uno de sus poemas, describe un álamo, con sus ramas tendidas al cielo y movidas por el viento, su tronco sólido y firme, y sus raíces profundamente ancladas en la tierra”. “En cierto sentido, -dijo el Papa- podemos pensar en Europa a la luz de esta imagen”.

Las raíces: en continuidad con el Papa Benedicto XVI, Francisco pidió a Europa que recuerde sus raíces. “Si pierde las raíces, el tronco se vacía lentamente y muere, y las ramas – antes exuberantes y rectas – se pliegan hacia la tierra y caen. Aquí está tal vez una de las paradojas más incomprensibles para una mentalidad científica aislada: para caminar hacia el futuro hace falta el pasado, se necesitan raíces profundas, y también se requiere el valor de no esconderse ante el presente y sus desafíos. Hace falta memoria, valor y una sana y humana utopía”.

La verdad, alimento vital: pero el Papa profundiza en la imagen del árbol y sus raíces y señala que “las raíces se nutren de la verdad, que es el alimento, la linfa vital de toda sociedad que quiera ser auténticamente libre, humana y solidaria. Además, la verdad hace un llamamiento a la conciencia, que es irreductible a los condicionamientos, y por tanto capaz de conocer su propia dignidad y estar abierta a lo absoluto, convirtiéndose en fuente de opciones fundamentales guiadas por la búsqueda del bien para los demás y para sí mismo, y la sede de una libertad responsable”.

El individualismo, consecuencia de la renuncia a la verdad: cuando no se busca la verdad, continúa el Papa, “cada uno se convierte en medida de sí mismo y de sus actos, abriendo el camino a una afirmación subjetiva de los derechos, por lo que el concepto de derecho humano, que tiene en sí mismo un valor universal, queda sustituido por la idea del derecho individualista. Esto lleva al sustancial descuido de los demás, y a fomentar esa globalización de la indiferencia que nace del egoísmo, fruto de una concepción del hombre incapaz de acoger la verdad y vivir una auténtica dimensión social”.

Consecuencias del individualismo: la denuncia del individualismo es una constante del Papa Francisco, como se nota al leer la exhortación Evangelii Gaudium. En esta ocasión, el Papa profundiza las consecuencias del individualismo: “Este individualismo nos hace humanamente pobres y culturalmente estériles, pues cercena de hecho esas raíces fecundas que mantienen la vida del árbol. Del individualismo indiferente nace el culto a la opulencia, que corresponde a la cultura del descarte en la que estamos inmersos. Efectivamente, tenemos demasiadas cosas, que a menudo no sirven, pero ya no somos capaces de construir auténticas relaciones humanas, basadas en la verdad y el respeto mutuo”.

Que estas palabras del Papa nos inviten a todos a hacer lo posible por revertir la tendencia individualista de nuestro tiempo y a donarnos a los demás en el amor, que es el verdadero dinamismo de toda realización personal y social.

Entradas relacionadas

Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.