Iglesia y familia. Frente a los peligros actuales, la presencia de Pedro es garantía para los cristianos

En su discurso de clausura del Sínodo, el Papa se refirió a cinco tentaciones que enfrentaron los Padres Sinodales en el intercambio sobre la familia, pero que también son válidas hoy para todos los cristianos al abordar estos temas.

En primer lugar, Francisco ha indicado la tentación del endurecimiento hostil, que consiste en “querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar”. También puso de relieve la tentación del “buenismo” destructivo, consistente en querer vendar las heridas “sin primero curarlas y medicarlas”, “en nombre de una misericordia engañosa”. En tercer lugar explicitó la tentación de transformar la piedra en pan “para terminar el largo ayuno, pesado y doloroso”, y también “el pan en piedra”, para “tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos”. La cuarta tentación sería la de descender de la cruz, “para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo e inclinarlo al Espíritu de Dios”. Finalmente, el peligro de descuidar el “depositum fidei”, “considerándose no custodios, sino propietarios y patrones”, o bien la de descuidar la realidad, “utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!”.

Frente a estas tentaciones, la Iglesia no debe tener miedo de “remangarse las manos para derramar el óleo y el vino sobre las heridas de los hombres”. El Papa advirtió contra el peligro de mirar “a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas”. La Iglesia, en cambio, no debe tener “miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos”, y está llamada a mantener “las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos”. Frente a un hermano caído, es necesario volver a sentirnos comprometidos y obligados “a levantarlo y a animarlo a retomar el camino”. Esta misión da a la Iglesia “la belleza y la fuerza del sensus fidei, de aquel sentido sobrenatural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio”. Esto, advierte el Papa en su mensaje, “no debe ser visto como motivo de confusión y malestar”.

Francisco desautorizó a aquellos comentaristas que imaginan “ver una Iglesia en litigio donde una parte está contra la otra”, ya que es el Espíritu Santo quien “a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los ministros infieles y pecadores”. Conducción que tiene como garantía de unidad la presencia del Papa en la Iglesia, quien además recuerda a los fieles el “deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo”, y a los pastores el compromiso de “nutrir la grey que el Señor les ha confiado y de salir a buscar –con paternidad y misericordia y sin falsos miedos– la oveja perdida”.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.