Sínodo de la Familia: la relación introductoria del Card. Erd

La relación que inauguró el encuentro de Obispos estuvo a cargo del Card. Péter Erdő, Relator General del Sínodo. El Card. Erdő se refirió a las conclusiones extraídas de la lectura del Instrumentum laboris, recalcando algunas situaciones conflictivas por las que pasan hoy las familias, como ser la dificultad para concebir la vida como un proyecto, siendo ésta en cambio considerada como “una serie de momentos en los cuales el valor supremo es sentirse bien”. Esta visión rehúye lógicamente cualquier compromiso estable. En este contexto, afirmó Erdő, “la huída de las instituciones se presenta como signo de individualización, así como síntoma de crisis de una sociedad harta de formalismos, obligaciones y burocracia”. Además, “el mundo occidental corre el riesgo de hacer de la familia una realidad confiada exclusivamente a las elecciones del individuo, totalmente desvinculada de un marco normativo e institucional. Tal privatización hace más frágiles los vínculos familiares, los vacía progresivamente del sentido que les es propio”.

En este marco, el mensaje de Cristo se presenta como exigente, porque requiere la conversión de nuestros corazones. Pero se trata de una verdad que nos libera. “No hay que olvidar las obligaciones que derivan del matrimonio, pero hay que verlas como exigencias del don, que el mismo don hace posibles”. Frente a tantas situaciones familiares difíciles y dolorosas, cuyos protagonistas difícilmente “encuentren por sí solos las soluciones adecuadas conformes a la verdad del Evangelio y cercanas a las situaciones particulares”, el Card. Erdő propuso proponer la verdad, sin disminuirla, pero “poniéndose en el lugar de aquellos a quienes más ‘les cuesta’ reconocerla como tal y vivirla”.

Sin embargo, aún en medio de todas estas dificultades, “la familia es casi la última realidad humana acogedora en un mundo determinado casi exclusivamente por las finanzas y la tecnología”.

El Relator hizo un llamamiento al Sínodo para que considere las dificultades sociales y culturales que hoy pesan sobre la vida matrimonial y familiar, las cuales constituyen no sólo “problemas de ética individual, sino de estructuras de pecado hostiles a la familia, en un mundo de desigualdad y de injusticia social, de consumismo por una parte y de pobreza por otra”.

Se refirió también al desafío educativo de la familia en cuanto escuela de humanidad, socializad, eclesialidad y santidad. En ese sentido, afirmó, “es preciso cuidar de modo particular la educación de la afectividad y de la sexualidad (…). El testimonio de parte de los adultos añade credibilidad a los ideales que deben presentarse con claridad”.

Se detuvo en algunas situaciones particularmente difíciles:

  • Con respecto a la homosexualidad, afirmó que del Instrumentum Laboris emergen dos claros aspectos: la condena a la discriminación para con las personas homosexuales; y la conciencia de que estas relaciones no deben equipararse con el matrimonio entre hombre y mujer. También se pudo deducir que la ideología de género no tiene demasiados adeptos entre los católicos.
  • Con respecto a una adecuada preparación al matrimonio, hizo hincapié en un renovado acompañamiento a los novios “hacia una clara conciencia de lo que es el matrimonio en el designio del Creador, alianza que entre los bautizados tiene siempre la dignidad sacramental”. En este sentido, se ocupó de aclarar que “no se cuestiona la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio en cuanto tal (…). En este Sínodo no se discute sobre las cuestiones doctrinales, sino sobre las cuestiones prácticas —inseparables, por otro lado, de las verdades de la fe—, de naturaleza exquisitamente pastoral”.

Con respecto a los cónyuges, el Relator destacó la importancia de una acción pastoral renovada que sostenga a los cónyuges en su compromiso de fidelidad recíproca y de dedicación a los hijos, en particular en las situaciones de crisis. En el caso de los cónyuges separados, “es necesario reflexionar sobre el mejor modo de acompañar a las personas que se encuentran en dichas situaciones, de modo que no se sientan excluidas de la vida de la Iglesia”, individuando “formas y lenguajes adecuados para anunciar que todos son y siguen siendo hijos, amados por Dios Padre y por la Iglesia madre”.

  • En cuanto a quienes se han divorciado y vuelto a casar civilmente, el Relator afirmó que “la pastoral de la Iglesia debería hacerse cargo de estas personas de modo particular”.
  • Sobre la cuestión de la apertura a la vida, destacó su vital importancia ya que es parte esencial del amor conyugal, “exigencia intrínseca, porque este amor tiende a la comunión y la comunión engendra vida”.

En definitiva, el Card. Erdő consideró que “no existe ninguna situación humana que no pueda ser una ocasión para la Iglesia de encontrar lenguajes adecuados para hacer comprender el valor de la unión matrimonial y de la vida familiar a la luz del Evangelio”. En este sentido, “el desafío que el Sínodo debe aceptar es precisamente lograr proponer de nuevo al mundo de hoy, en ciertos aspectos tan similar al de los primeros tiempos de la Iglesia, el atractivo del mensaje cristiano respecto al matrimonio y la familia, subrayando la alegría que dan, pero al mismo tiempo dar respuestas verdaderas e impregnadas de caridad (cf. Ef 4,15) a los numerosos problemas que especialmente hoy tocan la existencia de la familia”.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.