“Vivir y dejar vivir”: la confusión entre diversidad y sincretismo

“Vivir y dejar vivir”. Esta frase pertenece a un “Decálogo” de la Felicidad del Papa Francisco, que se dio a conocer en diferentes medios de comunicación social semanas atrás. Se trata de una expresión simple y seductora. Penetrante. Que invita a no ahogar a los hermanos con conductas egoístas. Pero la frase “vivir y dejar vivir” nos interpela también sobre su significado y nos mueve a pensar qué es para nosotros “vivir” y como convivir con la diversidad de la vida.

En efecto, en muchos y diversos ámbitos el Papa Francisco nos señala que el sentido del “vivir” está en el donarnos a los demás, en el de ser servidores de los demás. Vivir así, vivir sirviendo, es vivir para que los demás puedan a su vez desplegar su propia vida, sus propios dones. Así surge la segunda parte del pedido del Papa: dejar vivir, dejar que el otro se despliegue, que también se haga servidor. Porque para el Papa el gran modelo de toda vida es Jesús y su entrega de amor en el servicio “hasta dar la vida”.

Sin embargo, es habitual hoy escuchar a personas que dicen a otras “viví y dejá vivir” con una perspectiva distinta, como asumiendo que en la sociedad moderna todo está bien si lo es para uno. Se trata de un “vivir y dejar vivir” en clave relativista. Subyace un mal entendido valor de la diversidad. Es que se confunde a aquél con el concepto de sincretismo, que tiende a poner todas las realidades humanas bajo un mismo común denominador. Para decirlo sin vueltas: quieren aparentar que son de “mente abierta”, como les gusta presentarse, pero en concreto son de “mente cerrada” ya que sólo aceptan la mediocridad del pensamiento único que pretende avalar cualquier conducta hedonista .La diversidad y el sincretismo son dos conceptos muy distintos. El primero se refiere, desde una perspectiva cristiana, a la distinción entre personas con un claro respeto hacia la dignidad humana; y el segundo, en tanto, tiene relación con el intento de conciliar posturas distintas sin una coherencia sustancial. Así la diversidad muestra la riqueza de las diferencias, mientras que el sincretismo las anula.

Relativismo cultural

Un caso de cómo se confunden los conceptos mencionados en la esfera social se encuentra, entre tantos, en la cuestión del aborto. En efecto, si aplicamos al aborto la frase del Papa tenemos que concluir: vivir y dejar vivir a su madre y al bebé. No matar. Sin embargo, algunos quieren invertir esta regla y entiende que si una mujer embarazada decidiera eliminar a su bebé, habría que “dejarla vivir”, porque entienden –como algunos grupos feministas– que existe un supuesto derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Sin embargo, tal postura sincretista está quebrando la idea del “dejar vivir” y quitándole la vida al niño. Por ello, la perspectiva “provida” es siempre una opción por la vida, la vida de todos, la de la madre y su hijo por nacer, la del niño que sufre desnutrición y necesita nuestra ayuda para vivir, la del anciano que aparenta ser “inútil” y al que tenemos que “dejar vivir” sirviéndolo para así aprender de su experiencia.

Es importante que los cristianos profundicemos la identidad de nuestra Fe. Y que la comuniquemos. La manera en que hablamos contribuye, a través del poder generativo del lenguaje, a la configuración de un mundo más fraterno y respetuoso de la verdad sobre el hombre.

Hay que “vivir y dejar vivir”, en clave cristiana, de donación y servicio. Y siempre, sin excepciones, con la paciencia y misericordia de Jesús.

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Pedro Crespi

Periodista. Posgraduado en Conducción de Recursos Humanos. Director de ONG (amplia experiencia en gerenciamiento y desarrollo de Programas de Responsabilidad Social y gestión de comunicaciones externas e internas). @pcrespi78