La bioética en el aula puede hacer una enorme contribución para una cultura de la vida

Introducir la bioética en el aula de los colegios puede, sin dudas, hacer una importante contribución para educar a los chicos en una cultura de la vida. Es que ésta en la actualidad, en oportunidades, es maltratada y pisoteada. Tanto que el Papa Francisco describió muy bien cómo en algunos sectores de la sociedad se observa una “cultura del descarte”, que bajo el Paradigma de la Productividad -que impone con vehemencia el imperativo categórico de la eficiencia económica-  pareciera que se puede decidir con total liviandad quiénes pueden nacer  y quiénes no. Y todo esto en función de las exigencias de aquél Modelo.

Es frecuente escuchar que el mundo actual evoluciona por los avances tecnológicos pero, no obstante, es interesante detenerse unos instantes para reflexionar sobre ellos y cómo impactan de manera integral en el desarrollo humano. En especial porque las Nuevas Tecnologías, cuando se las utilizan de manera inescrupulosa, pueden  ser destructivas para el Plan de Dios a favor de la humanidad.

Lamentablemente es constante, y doloroso, observar cómo mientras avanzan las herramientas tecnológicas para la detección de diagnósticos prenatales se eliminan también, por ejemplo, a personas con discapacidad o alguna malformación. Y estos hechos, en consecuencia, merecen ser analizados con los chicos para realizar un análisis crítico respecto de si verdaderamente la civilización evoluciona y si se respeta la dignidad humana de cada persona.

Es que el problema de fondo, en concreto, tiene una relación directa con la educación. Los adultos nos debemos preguntar, con brutal sinceridad, las siguientes cuestiones: ¿Qué idea de la persona les estamos dando hoy a los niños y adolescentes? ¿Ponemos el mismo énfasis para educarlos en una cultura de vida, con toda su dimensión axiológica, que el que dedicamos para instruirlos en conocimientos tecnológicos? Cuidado con esto, sobre todo, por ejemplo, quienes somos padres: son numerosas las ocasiones donde nos fijamos, primero, en los programas curriculares de las escuelas y si hay  en ellos materias relacionadas con las tecnologías. O, en paralelo, cuál es el estándar de inglés que se ofrece. Pero, ¿tenemos también en cuenta cuál es la posición de los colegios ante la vida y la verdad del hombre?

El aula y su poder transformador

Otro aspecto muy importante es entender el fuerte poder transformador que tiene la experiencia áulica en cualquier chico. El aula es un reflejo de la sociedad. Y, por eso, se trata de un ámbito privilegiado para crecer en la diversidad e incorporar la riqueza humana en todas sus expresiones. Por eso, es clave perderle el miedo a la palabra “bioética” y no asociarla con esa idea tan instalada en el imaginario colectivo respecto de que esta disciplina  tiene que ver fundamentalmente con experimentos de laboratorios raros. La bioética es el “laboratorio” de la verdad de la vida humana y así, en rigor, debe ser presentada con recursos creativos que permitan a los pequeños familiarizarse con ella.

También es de vital importancia que el sistema educativo se anime a avanzar decididamente en la inclusión de personas con discapacidad, por ejemplo, en las aulas. Y esto para que todos los chicos puedan enriquecerse mutuamente según sus talentos, dones y potencialidades.  La experiencia viva de la diversidad, en rigor, es la mejor educación.

Hoy los chicos aprenden en el aula que hay que usar el cinturón en el auto y son rápidos para decirles a mamá y a papá que hay que ponérselo ni bien se suben al vehículo; también nos recuerdan que fumar, además de hacer mal a la salud, contamina el medio ambiente; y qué bueno sería familiarizarlos con la bioética y con la experiencia genuina de la inclusión y, en tanto, vivenciar con naturalidad la vida en sociedad e incorporen, de este modo, el valor de la diversidad como uno de los principales fundamentos.

Introducir la bioética en las aulas y enseñarla de manera creativa. Fomentar la inclusión y la diversidad en los colegios. Dos prácticas que pueden hacer una enorme contribución para el desarrollo de una cultura de la vida, que no descarte a nadie. Cada uno es único e irrepetible. Todos valemos. Y Dios nos lleva a cada uno en la palma de su mano.

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Pedro Crespi

Periodista. Posgraduado en Conducción de Recursos Humanos. Director de ONG (amplia experiencia en gerenciamiento y desarrollo de Programas de Responsabilidad Social y gestión de comunicaciones externas e internas). @pcrespi78

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