La profanación de la Catedral de La Plata: aspectos no contemplados por la prensa

Hace unos días se difundió por las redes sociales un video, realizado en la Catedral de La Plata, con dos personas diciendo y realizando obscenidades y burlándose de las creencias de los católicos. Una de las personas es una señora ya mayor y la otra es un señor vestido de mujer.

Además de que el video en sí se revela de un mal gusto deplorable, no deja de llamar la atención el hecho de que tan impunemente se haya ofendido a una religión, ingresado a propiedad ajena para cometer actos impropios, y expresado públicamente agravios a Dios y a la religión católica. Hubiera significado lo mismo que el acto se hubiera perpetrado en un templo judío o protestante, en una mezquita o en cualquier otro lugar considerado sagrado. De la misma manera, hubiera sido también aberrante que se hubieran violentado las creencias de cualquier grupo religioso con el único propósito de hacer una especie de escándalo gay. Lo ocurrido es claramente una provocación, además de una conducta con visos de delito penal. Provocación donde los victimarios son los dos protagonistas del video y las colectividades que los apoyan, y las víctimas somos –una vez más- los creyentes católicos.

Resulta sorprendente, entonces, que los grupos LGBT, a pesar de que debieran pedir disculpas públicas por el acto de estas dos personas o bien desligarse del hecho vandálico, se victimicen ofendiéndose por supuestos dichos del Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer, que además han sido descontextualizados con evidente mala fe.

En su legítimo derecho, Mons. Aguer encabezó un acto de reparación del espacio sacro violentado por estas personas expresando el agravio que significa la difusión impune de esa filmación, pues se ha violado la libertad religiosa, los valores morales de un gran sector de la población y el recinto destinado al culto; las personas a las que amparan los grupos LGBT, además, han expresado y difundido impunemente agravios, imágenes ofensivas para el pudor más elemental y burlas a la religión. Y no está en juego la condición LGBT que presumiblemente podrían tener estas dos personas; aunque la provocación en el ámbito de una institución que tiene una posición tan característica sobre las conductas homosexuales se torna en ese caso doblemente provocativa.

Sin embargo, parecería que los ofendidos fueran los grupos LGBT. Incluso se acusa al Arzobispo de agraviar a toda una comunidad. Pregunto entonces: ¿qué han hecho ese señor y esa señora que han filmado el video en la Catedral de La Plata? ¿No han agraviado a toda una comunidad? También se acusa a Mons. Aguer de desconocer leyes de la sociedad argentina. También me pregunto: ¿no incurren los grupos LGBT que defienden el hecho vandálico en el desconocimiento básico de la Constitución Argentina (al menos en cuanto a la libertad religiosa y a la propiedad privada), de tratados internacionales con jerarquía constitucional, y de la mayor parte de la legislación en materia de libertades civiles? ¿O acaso las leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo y de identidad de género afirman que estos grupos pueden ofender impunemente a la religión católica en cualquier momento y lugar? También dicen que las afirmaciones del Obispo son una afrenta a toda la sociedad argentina: ¿no es esta actitud irrespetuosa y profanadora una afrenta al pueblo católico argentino, y a todas las personas religiosas aunque no pertenezcan al catolicismo? Mons. Aguer no está violando ninguna ley argentina; simplemente, en nombre de toda la comunidad católica, está repudiando un acto vandálico, aberrante y delictivo, ocurrido en un templo sagrado. Afirman los grupos LGBT que van a iniciar acciones legales: yo temo que estemos ante una estrategia de victimización para revertir ante la opinión pública la mala imagen que dejan actos vandálicos como los que se han cometido en la catedral.

Es realmente desconcertante que se pretenda invertir la culpa de lo ocurrido en la Catedral de La Plata. Por mi parte, y a riesgo de parecer ingenua, aún creo en la posibilidad de la convivencia democrática y sigo esperando un pedido público de disculpas de los grupos LGBT que han respaldado estos hechos y han hecho luego tan desafortunadas declaraciones, como correspondería en justicia luego de lo ocurrido.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.

2 comentarios sobre “La profanación de la Catedral de La Plata: aspectos no contemplados por la prensa

  • el 28/06/2014 a las 12:16 pm
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    Quiero sumar mi adhesión a la defensa de nuestros valores no solo religiosos -concretamemente vulnerados-sino también de los valores culturales que permiten la convivencia pacífica en la sociedad. Gracias por la defensa permanente que están realizando.

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  • el 27/06/2014 a las 1:43 pm
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    Me quedo pensando en que es este el modo usual de esta y otras minorias: el viejo adagio de que «la mejor defensa es un buen ataque». Y es que muchos, como los LGBT han construido todo su andamiaje ideologico sobre la persecusion y la discriminacion, de tal manera que cualquier intervencion, replica, o intercambio de opiniones (que no comparta la propaganda que ellos esgrimen), es un acto de discriminacion. Esta en la raiz profunda de su pensamiento, su ideologia y su «lucha»: el falsear la realidad, lo verdadero, lo natural. Ninguna otra cosa era de esperarse.

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