«Recen por mí»

El histórico viaje del Papa Francisco a Tierra Santa ha recibido, al menos en Argentina, una amplia cobertura mediática, tanto televisiva, como en prensa gráfica e internet. Ello nos permitió participar, en tiempo real, de momentos históricos y muy significativos para el peregrinar de la Iglesia en este inicio del nuevo milenio.

La cobertura de algunos medios seculares me generó algunas reflexiones sobre la trama de fondo que anima al Papa en estos viajes. En efecto, la enorme trascendencia de algunos hechos y gestos de Francisco en los lugares santos llevó a muchos a ponderar la contribución a la paz y a la convivencia entre las naciones, sobre todo a partir de una habilidad «política» del Papa.

Creo que tales miradas sobre lo ocurrido pueden resultar al menos reduccionistas y no captar en profundidad las motivaciones últimas, que siempre son religiosas, que guían al Papa Francisco. En efecto, creo que Francisco es un hombre profundamente religioso, en el sentido más propio de la palabra, y ello resulta un aspecto insoslayable en cualquier análisis que se quiera hacer de su Pontificado.

Tomemos por ejemplo el gesto de invitar a los presidentes de Israel y Palestina a la Santa Sede. Esa invitación está dirigida a mantener con ellos «una oración por la paz». Al igual que sucedió en 2013 con el conflicto armado en Siria, el Papa quiere mantener su contribución en el específico campo de la oración, y por tanto de la religión. Igualmente, cuando denunció a los traficantes de armas y a los que tienen proyectos de guerra, pidió a Dios por su conversión. Y al inicio de su viaje, su tuit fue: «Queridos amigos, les pido que me acompañen con su oración durante mi peregrinación a Tierra Santa». Y así podríamos continuar con muchos detalles, actitudes, palabras y gestos del viaje.

El Papa nos está proponiendo renovarnos en la fe en el poder de la oración, una oración confiada, eclesial, que nace del corazón que ama al hermano y busca a Dios para interceder por él.

A su vez, podemos decir que el ya famoso «recen por mí» no es un slogan y Francisco vive también sostenido por la oración de millones de fieles alrededor del mundo. Algo similar –en distintas circunstancias- a lo que nos narran los Hechos de los Apóstoles: «Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él» (Hch 12, 5).

De alguna manera misteriosa en la unidad del Cuerpo de Cristo, todos los que nos unimos en la oración por el Papa y con el Papa, a Jesús, estamos participando de sus gestos y de sus acciones para que la paz venga como fruto deseado en estos territorios tan atormentados por la división y el conflicto.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.

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