Juana Beretta Molla: una mujer sencilla, anónima, contemporánea y santa que dio la vida por su familia

Dios, en su infinita Providencia, se manifiesta de manera extraordinaria en la sencillez. Las personas que asumen “un estilo de vida sobrio”, como pide el Papa Francisco, colaboran para que el Amor de Jesús ingrese con fuerza en ellas. Tanto que, a veces sin saberlo, transforman de manera radical las existencias propia y del entorno. Y las mujeres y los hombres de hoy tenemos un ejemplo contemporáneo. Desconocido para la mayoría. Se trata de Juana Beretta Molla, una italiana que vivió entre 1922 y 1962. Su historia, si se la lee de prisa, no desliza ningún valor agregado extraordinario.

Gianna –Juana en su lengua original- nació en Magenta, Milán, en 1922. Fue la décima de trece hermanos. Vivió una infancia feliz en la que recibió educación católica y debió cambiar de escuelas por traslados familiares. En su adolescencia realizó las mismas actividades que los de su edad y convivió con algunas dificultades de salud. Durante la juventud atravesó, junto con sus hermanos, un duro golpe: la muerte de sus padres. Fue una etapa difícil que, no obstante, Juana supo llenar de sentido: cursó la carrera de Medicina, mientras asumió un fuerte apostolado con  los más necesitados. En 1949 se doctoró en Medicina y Cirugía. Así, dio inicio a su trayectoria laboral y pronto abrió en Mesero un consultorio, mientras se especializó en Pediatría. A los pocos años, en 1955, se casó con el ingeniero Pietro Molla y tuvieron tres hijos en  un breve período: Pierluigi (1956), Mariolina (1957) y Laura (1959).  Fue una época en la que Juana, con simplicidad y alegría, armonizó sus roles de madre, esposa y médica.

“¡Elegí el bebé!”

La vida de Juana, entonces, se encontraba en un hermoso momento; pero, en septiembre de 1961, luego de la felicidad por un nuevo embarazo, ella y su familia recibieron una noticia que provocó un fuerte cimbronazo. Apareció un voluminoso fibroma en su útero. Y Juana, pese a los serios riesgos para su integridad física, decidió continuar hacia adelante con los sietes meses de embarazo que restaban. Y pocos días antes de que naciera Gianna Emanuela por cesárea, el 21 de abril de 1962, le manifestó a su esposo en la intimidad: “Si debés decidir entre el bebe y yo, elegí al bebe. Te lo exigo”. El nacimiento dejó fuertes secuelas en la salud de Juana, quien el 28 de abril murió en su casa de Puente Nuevo de Magenta. Se despidió en la sencillez y la compañía de lo que más amaba: su familia.

Que Juana haya dado su vida para que naciera su hija Gianna Emanuela, sin dudas, despertó un enorme interés en  la comunidad. Y, en seguida, la noticia comenzó a difundirse con fuerza. Y lo que había sido una vida sencilla y anónima, de golpe, se transformó en extraordinaria. Los vecinos, admirados, no tardaron en proclamar su santidad tras ese enorme gesto de amor.

Gesto que fue consecuencia de una vida coherente. Y llena de Dios. Y en la que Juana supo dar respuesta a la enorme pregunta que la acompañó desde sus cinco años de vida, cuando tomó la Primera Comunión: “¿Qué querés Jesús de mí?”. Su intensa oración, que fue siempre confiada en el don de la Providencia que le transmitieron sus padres, le dio la respuesta que tanto buscó: su vocación era “formar una familia verdaderamente cristiana”, como se lee en los pocos documentos que dejó.

Juana fue proclamada beata el 24 de abril de 1994 y santa el 16 de mayo de 2004 por el Papa Juan Pablo II, flamante santo de la Iglesia católica. Su fiesta votiva es el 28 de abril.

¡Santa Juana! Ruega por nosotros.

PARA TENER EN CUENTA. Santa Juana Beretta Molla es venerada en la Ciudad de Buenos Aires todos los 28 de mes, en la Parroquia de Nuestra Señora de La Rábida. Allí hay una imagen de ella, que un matrimonio trajo especialmente desde Italia para ser entronizada. Lo hizo luego de pedir su intercesión por la vida de una de sus hijas durante la gestación. Y santa Juana logró que Jesús se manifestara con fuerza para que la beba naciera. “Récenle que está desocupada porque no es muy conocida”, recomiendan a los matrimonios que tienen dificultades de salud con sus chicos, que no pueden concebir un embarazo o que transitan procesos de adopción. Es que santa Juana es defensora de la vida.

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