Dios, en la catequesis familiar, siempre sorprende: ¡los hijos evangelizan!

Los hijos evangelizan. Es que con sus preguntas espontáneas y llenas de capacidad de asombro, a veces, nos descolocan a quienes somos padres. Y más: nos ayudan a profundizar nuestra fe y a ensanchar el horizonte espiritual en que vivimos. Por algo Jesús tiene una especial predilección por los chicos y nos invita a ser como ellos. “Sean como los niños”, nos dice (Mt. 18.3).

Una mañana, hace poco, nuestro hijo Juan Pablo de 7 años nos preguntó a su madre (Magdalena) y a mí lo siguiente: “¿Por qué Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo?”. Los dos nos quedamos atónitos con su interrogante. Nos tomó de sorpresa. Y, en particular, por el profundo sentido con que lo formuló y la necesidad de obtener una respuesta convincente a su planteo. Y con su mamá, en conjunto, le dimos la siguiente explicación: que Dios Padre es el Creador de toda la vida; que Dios también se hizo Hijo en Jesús para darnos a conocer su Amor de persona a persona; y que Dios es Espíritu Santo y que éste es quien despierta los buenos sentimientos en nuestro corazón y nos permite distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, y nos alienta a vivir en paz con quienes nos rodean. Y le manifestamos que la Santísima Trinidad es un misterio y que para comprender esto había que rezar y pedirle a Jesús que nos ayude a entender. Luego de nuestra explicación, Juan Pablo no expresó nada. Y si bien no lo hablamos, tanto mi mujer como yo nos miramos de manera cómplice con una tensión en el aire que parecía decir: “Es lo que pudimos transmitirle… ¡Qué pregunta!”.

Dios, en la catequesis familiar, siempre sorprende y nos muestra que cuando intentamos vivir la fe pone en nosotros muchos más recursos de los que a veces creemos. Y para mostrar esto, de nuevo, debemos referirnos a Juan Pablo. ¿Por qué? Porque días atrás luego del colegio, y tras un reto por una mala conducta, nos regaló una hermosa acción evangelizadora cuando nos dijo que actuó de manera incorrecta “porque no estaba el Espíritu Santo en mí”. ¡Im-pre-sio-nan-te! Había entendido el mensaje que le habíamos dado, ¡gracias a Dios!, a la perfección. ¡Y claro que le dijimos que el Espíritu Santo sí vivía en Él por permitirle descubrir que hay cosas que no se hacen y que le dio el valor de responder con honestidad!

Fascinados por el misterio

Juanpi, como le decimos, nos recordó aquellas palabras que el 5 de enero de 2001 –víspera de Reyes-   les dio Juan Pablo II a 6 mil niños de todo el mundo, en el contexto de una fiesta infantil para el cierre del Año del Jubileo en la Ciudad del Vaticano. Les dijo entonces: “Queridos amigos, vuestra fiesta tiene como título ´Siguiendo el cometa´, y nos trae a la mente la solemnidad de la Epifanía del Señor, que celebraremos mañana. El cometa nos hace pensar en los Magos, personajes misteriosos, sabios, cultos, expertos en astronomía, de los que habla el Evangelio. Pero, si observamos con atención, tenían un corazón de niño, fascinado por el misterio; y aceptaron con prontitud la invitación de la estrella y lo dejaron todo para ir a adorar al Rey de los judíos, que había nacido en Belén”.

Jesús siente predilección por los niños. El Evangelio nos muestra cómo le gustaba rodearse de ellos. Y a la gente y a sus discípulos les señalaba a los chicos como modelos para entrar en el Reino de los Cielos. ¡Qué lindo como evangelizan los pequeños!

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Pedro Crespi

Periodista. Posgraduado en Conducción de Recursos Humanos. Director de ONG (amplia experiencia en gerenciamiento y desarrollo de Programas de Responsabilidad Social y gestión de comunicaciones externas e internas). @pcrespi78

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