Sacerdotes: ¡gracias por vivir el celibato para ser exclusivos de Dios y sus comunidades!

Solo Dios basta. Y de esto enseñan mucho, de modo especial, los sacerdotes a través del celibato. La vivencia de este voto es un claro signo de la presencia del Padre en el mundo. Es que, como dijo el Papa Francisco esta mañana en su homilía durante la misa Crismal en la Basílica de San Pedro, “su única novia es la Iglesia”.

Entender el celibato para la sociedad actual, a veces, se torna complejo. De manera particular, porque la dictadura del relativismo cultural hace que se debata sobre aquél con profundo desconocimiento y con falacias maquilladas de un pragmatismo estéril. Y así se genera un cóctel dialéctico que asume aires de un supuesto modernismo revolucionario, pero que en esencia pretende imponer una ideología que explica la realidad bajo el prisma de un sincretismo cultural feroz.

Es frecuente, incluso entre los cristianos, escuchar cuando se debate acerca del celibato interrogantes como estos: “¿No es mejor que los sacerdotes puedan casarse para que no estén solos? ¿El hecho de que se casen y tengan una familia no les permitirá entender lo que implica vivir en familia con sus alegrías y dificultades?”. La fe siempre da una respuesta firme a estas preguntas. Es que quien vive su vocación, de manera comprometida, sabe que Dios es fiel in eternum y que Él basta por sí mismo. Y que, además, el Padre lo llena de hermanos y hermanas en la fe.

Por otro, la vivencia del celibato permite a los sacerdotes ser exclusivos de Dios. Y esto es un gran don para que, así, puedan dedicarse a pastorear en sus comunidades. Un buen cura, en rigor, no necesita casarse para entender de qué se trata tener una familia. Es más: un pastor fiel es experto en familias, porque conoce el corazón del hombre de manera muy cercana a través del confesionario. Y si contrajera matrimonio, en rigor, perdería esa magnífica nota de exclusividad porque formar y llevar adelante una familia es un hermoso pero también arduo desafío.

El pueblo sostiene

Es cierto que, en ocasiones, los sacerdotes pueden sentirse solos. Es algo que también sucede entre los laicos. Y son situaciones, que a la luz de la fe, son providenciales. Ayudan a abrir el corazón. Y el Papa tuvo palabras de fuerte confirmación para los curas hoy y que, además, sirvieron para mostrar cómo el pueblo sostiene a sus pastores y cómo el Padre jamás permite que estén solos. Dijo el Sumo Pontífice: “Incluso en los momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce, esos momentos apáticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal (y por los que también yo he pasado), aún en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría”.

¡Gracias a los sacerdotes por ser intermediarios entre Dios y su pueblo! ¡Gracias por vivir el celibato para ser exclusivos de Dios y sus comunidades! ¡Gracias por tener a la Iglesia como única novia! Y gracias por abrazar, con todo el corazón, el estilo de vida que el mismo Jesús asumió en la tierra.

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Pedro Crespi

Periodista. Posgraduado en Conducción de Recursos Humanos. Director de ONG (amplia experiencia en gerenciamiento y desarrollo de Programas de Responsabilidad Social y gestión de comunicaciones externas e internas). @pcrespi78

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