Veneración de la Santa Corona de Espinas en Notre-Dame

El viernes 28 de marzo de 2014 y como todos los viernes de Cuaresma, en la Catedral de Notre-Dame en París, Francia, se llevó a cabo una solemne liturgia de veneración de las reliquias de la Santa Corona de Espinas. Ante una multitud que colmaba la Iglesia y con una solemne procesión de entrada y ceremonia, la Santa Corona fue puesta a veneración y miles de personas besaron el relicario que contiene largas y duras espinas.

Según una antigua tradición esas espinas corresponden a la corona que los soldados pusieron en cabeza del señor Jesús en su Pasión. En el año 409, San Paulino de Nöle habla claramente de la Corona de Espinas y de los instrumentos de la Pasión de Cristo entre las reliquias de la Basílica del Monte Sión en Jerusalem. En 1053, esas reliquias fueron transportadas a Bizancio, en la capela imperial para protegerlas de los robos. En 1238, bajo el imperio de Baudouin de Courtnay en Bizancio, se pretende pedir préstamos en Venecia para afrontar graves dificultades económicas y ofrecer las reliquias en garantía. San Luis, rey de Francia, interviene, desinteresa a los banqueros y, en 1239, acoge solemnemente las Santas Reliquias en París, donde para recibirlas construye un maravilloso relicario: la Santa Capilla (Sainte Chapelle).

Después de la Revolución Francesa, las Santas Reliquias fueron confiadas al Capítulo de la Catedral Notre-Dame de París y colocadas bajo la vigilancia estatutaria de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalem.

Las reliquias son presentadas para la veneración el primer viernes de cada mes y todos los viernes de cuaresma.

Resulta significativa la presencia de estas reliquias en la ciudad de París. Una ciudad y una cultura fascinantes, que expresan al mismo tiempo las enormes capacidades de la razón humana en cultivar todas sus potencialidades, y también expresan la tentación de un racionalismo laicista que quiso erradicar la religión de los ámbitos públicos. La ciudad está atravesada por esas tensiones entre la brillante expansión del genio humano y un laicismo radical que quiso borrar todo rastro religioso de la cultura.

Así, la Santa Corona de Espinas es como un símbolo que nos recuerda que el camino elegido por Dios para redimir al hombre y su cultura es la entrega de amor, que llega a dar la vida, sabiendo que el grano de trigo que muere, da mucho fruto.

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