Santa Sede conforma Red Internacional e Interreligiosa contra la trata de personas

Repetidas veces a lo largo de su pontificado el Papa Francisco se ha referido al flagelo de la trata de personas, calificándola de una “vil actividad, una vergüenza para nuestras sociedades que se dicen civilizadas” (mayo de 2013, Audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Inmigrantes y los Itinerantes). En esa ocasión también afirmó con énfasis que “explotadores y clientes a todos los niveles deberían hacer un serio examen de conciencia delante de sí mismos y delante de Dios”. Y realizó un llamamiento para que “la Comunidad Internacional intervenga “con iniciativas eficaces y nuevos enfoques”.

A los pocos meses, en diciembre de 2013 volvió a fustigar este delito en el discurso ante los nuevos embajadores ante la Santa Sede, expresando la necesidad de que “la acción se extienda al ámbito cultural y a la comunicación”. Declaró asimismo que “la trata de personas es un crimen contra la humanidad” y una “plaga social de nuestro tiempo”, “una grave violación de los derechos humanos de las víctimas y una afrenta a su dignidad, además de una derrota para la comunidad mundial”. Por esta razón “es necesaria una toma de responsabilidad común y una voluntad política más fuerte para vencer en este frente” por parte de “todas las personas de buena voluntad, sea que profesen una religión o que no lo hagan” (…), a fin de proteger los derechos de las víctimas, y “evitar que los corruptos y los delincuentes eludan la justicia”.

En línea con estos pronunciamientos, el pasado 17 de marzo se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el “Global Freedom Network”, red internacional a partir de un acuerdo entre representantes de los anglicanos, los musulmanes y los católicos, que tiene como objetivo la erradicación de  las formas modernas de esclavitud, entre las cuales se encuentra el tráfico de personas. El acuerdo se realizó en colaboración con la Walk Free Foundation. Han intervenido el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, representando al Santo Padre; Mahmoud Azab, representando al Gran Imam de Al-Azhar, Egipto; David John Moxon, representando al arzobispo de Canterbury, Reverendísimo Justin Welby; y Andrew Forrest, fundador de la Walk Free Foundation. El objetivo de este acuerdo es “erradicar la esclavitud moderna y la trata de seres humanos en todo el mundo antes de 2020”.

En 2012, el “Informe sobre tráfico de personas” de la ONU estimó que entre el 2002 y el 2010 casi 21 millones de personas han sido víctimas de trata, de las cuales dos millones cada año serían objeto de tráfico sexual. A nivel internacional se cuenta actualmente con dos instrumentos jurídicos para combatir este delito: la Convención contra el Crimen Transnacional Organizado y el Protocolo para Prevenir, Erradicar y Castigar el Tráfico de Personas, Especialmente Mujeres y Niños.

En el acuerdo firmado el 17 de marzo en la Santa Sede se lee que “debe cesar toda indiferencia hacia aquellos que sufren explotación. Llamamos a la acción a todas las personas de fe y a sus líderes, todos los gobernantes y personas de buena voluntad, para unirse al movimiento contra la moderna esclavitud y el tráfico humano (…). Sólo activando en todo el mundo los ideales de la fe y de valores humanos compartidos podremos alcanzar el poder espiritual, los esfuerzos compartidos y la visión liberadora necesarios para erradicar la moderna esclavitud y el tráfico humano de nuestro mundo para siempre (…). Habrá un día mundial de oración por las víctimas y por su libertad. Todas las personas de fe y de buena voluntad serán invitadas a unirse en la reflexión y en la acción. Se conformarán en todo el mundo grupos de oración al respecto”. Un particular enfoque del problema estará a cargo de las “familias, escuelas, universidades, congregaciones e instituciones para educar sobre la naturaleza de la esclavitud moderna y el tráfico humano y cómo reportarlo”.

El memorándum de entendimiento termina afirmando: “nuestro mundo debe liberarse de estos terribles males y crímenes contra la humanidad. Deben unirse todas las manos y corazones para garantizar esta libertad a todos aquellos que son prisioneros y sufren. Este acuerdo marca un comienzo y una promesa; las víctimas de la esclavitud moderna y de la trata de personas no serán olvidadas o ignoradas: todos conocerán su historia. Vamos a caminar con ellos hacia la libertad”.

Entradas relacionadas

Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *