Las relaciones nuevas que genera Jesucristo vs. el aislamiento (EG 87-92)

Examen de conciencia – 4ta entrega

Desde Tiempo de Evangelizar queremos proponer, a la luz de las interpelantes reflexiones del Papa Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium, una suerte de “examen de conciencia” para agentes pastorales, que permita purificar el propio camino y abrirnos a la acción poderosa del Espíritu Santo que nos quiere llevar a Cristo y a los demás. Para eso, hemos reformulado las palabras del Papa en forma de preguntas para que puedan guiar ese camino personal de arrepentimiento, conversión y alegría que pide el Papa.

En este caso, nos detenemos en las tentaciones vinculadas con las relaciones nuevas que genera Jesucristo (EG 87-92):

  • Hoy, que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, ¿sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación?
  • ¿Traducimos las mayores posibilidades de comunicación en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos?
  • ¿Salgo de mí mismo para unirme a los demás o me encierro en mí mismo probando el amargo veneno de la inmanencia?
  • ¿Vivo el ideal cristiano que siempre invita a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual?
  • ¿Trato de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos?
  • ¿Renuncio al realismo de la dimensión social del Evangelio?
  • ¿Quiero un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz?
  • ¿Pretendo relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad?
  • ¿Corro el riesgo evangélico del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo?
  • ¿Separo la fe en el Hijo de Dios hecho carne del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros?
  • ¿Cómo respondo al Hijo de Dios, quien en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura?
  • ¿Vivo un aislamiento, que es una traducción del inmanentismo, y se expresa en una falsa autonomía que excluye a Dios?
  • ¿Caigo en una forma de consumismo espiritual a la medida de mi individualismo enfermizo?
  • ¿Cómo busco responder a la sed de Dios? ¿Busco apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro?
  • ¿Busco una espiritualidad que sane, libere, llene de vida y de paz al mismo tiempo que convoque a la comunión solidaria y a la fecundidad misionera?
  • ¿Vivo formas de religiosidad encarnadas, que incluyen una relación personal, no con energías armonizadoras sino con Dios, Jesucristo, María, un santo? ¿Tienen carne, tienen rostros? ¿Son aptas para alimentar potencialidades relacionales y no tanto fugas individualistas?
  • ¿Me dejo llevar por diversas formas de «espiritualidad del bienestar» sin comunidad, por una «teología de la prosperidad» sin compromisos fraternos o por experiencias subjetivas sin rostros, que se reducen a una búsqueda interior inmanentista?
  • ¿Escapo de una relación personal y comprometida con Dios que al mismo tiempo me comprometa con los otros?
  • ¿Procuro esconderme y quitarme de encima a los demás?
  • ¿Escapo sutilmente de un lugar a otro o de una tarea a otra, quedándome sin vínculos profundos y estables?
  • ¿Reconozco que el único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas?
  • ¿Aprendo a descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos?
  • ¿Aprendo a sufrir en un abrazo con Jesús crucificado cuando recibo agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarme jamás de optar por la fraternidad?.
  • ¿Cómo es mi modo de relacionarme con los demás?
  • ¿Es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno?
  • Si somos un «pequeño rebaño» (Lc 12,32), ¿vivimos como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16)?
  • ¿Damos testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva?

“¡No nos dejemos robar la comunidad!” (EG 92)

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