Iglesia, evangelización y asuntos temporales

No hay duda de que el Papa Francisco, como todos sus antecesores, ha puesto un toque distintivo propio y personal a su Pontificado. Muchas de sus actitudes han logrado captar la atención de la mayor parte del mundo, ya sea por la personalidad que de ellas emana o por cierto traslado de expectativas y búsquedas a este señor aparecido de manera sorpresiva en el escenario mundial.

Lo cierto es que, así como Juan Pablo II generó una cercanía particular y carismática con los fieles de todo el mundo y Benedicto XVI en su breve pontificado afianzó la doctrina de la Iglesia con solidez y encaró las principales grandes reformas de base que la Iglesia requería, Francisco aparece en escena como el Papa de la sencillez que vuelve a hacer hincapié con fuerza en la llegada del Evangelio a todos los sectores sociales, sobre todo a aquellos más “periféricos” y “descartados” en todos los sentidos.

Sin embargo, los viejos problemas de la Iglesia (que en realidad no son exclusivos de ella, sino comunes a la condición humana y, por lo tanto, a toda la humanidad) siguen acechando.

La reforma financiera. La reforma de las instituciones financieras del Estado de la Santa Sede, cuyos fundamentos sentara con energía Benedicto XVI, parece seguir dando dolores de cabeza al Papa Francisco. A mediados del 2012 el Informe del MONEYVAL (organismo del Grupo de Acción Financiera del Consejo de Europa que supervisa las instituciones financieras para evitar el lavado de dinero y la financiación del terrorismo) sobre la Santa Sede fue alentador y positivo acerca de las medidas legislativas tomadas por ese Estado así como sobre la incorporación de la Santa Sede a las Convenciones de Viena, Palermo y contra el Financiamiento del Terrorismo de la ONU. El Papa Francisco ha profundizado estas medidas a través del dictado de nuevas normas en materia de transparencia, vigilancia e información financiara (Ley XVIII de agosto de 2013) y de la creación de un Consejo de ocho Cardenales para seguir de cerca los temas económicos y financieros del Vaticano. Se han celebrado varias reuniones de ese Consejo (la última de las cuales acabó este miércoles 19 de febrero), a fin de orientarse acerca de la mejor organización de la estructura económico-administrativa de la Santa Sede. Uno de los puntos clave de estas reuniones ha sido el de la misión del IOR desde el punto de vista de la acción de la Iglesia en el mundo y no solo desde el punto de vista de la operatividad económica. Por otra parte, el IOR ha editado recientemente un informe que detalla la reforma de la institución, y que se hará público a mediados de este año, época en la que se calcula habrá concluido la reforma.

La cuestión de los abusos. Con humildad y valentía ha seguido encarando también la Iglesia la cuestión de los abusos a menores. Justo es decir que Benedicto XVI había sentado las bases legislativas para una mayor eficacia en las medidas a tomar en esos dolorosísimos casos. Así, se había ampliado el plazo de prescripción de la acción en esos delitos a 20 años, salvando siempre el derecho de la Congregación para la Doctrina de la Fe de poder derogarlo; se había incorporado la facultad de presentar directamente al Santo Padre para la dimissio e statu clericali o para la depositio, una cum dispensatione a lege caelibatus en los casos de comisión manifiesta del delito; se había sumado la facultad de recurrir a la instancia superior de juicio en caso de recursos contra decisiones administrativas emanadas o aprobadas por instancias inferiores; se había equiparado al menor la persona adulta con un uso imperfecto de la razón; se habían añadido como delitos la adquisición, la posesión y la divulgación por parte de un clérigo, con finalidad libidinosa, de imágenes pornográficas de menores de edad inferior a los 14 años; se había ampliado la posibilidad de adoptar medidas cautelares; entre otras mejoras sustanciales. La actitud humilde y activa de Benedicto XVI para poner fin a estos crímenes ha sido paradigmática y es digna de ser resaltada.

El Papa Francisco, además, ha instituido recientemente una Comisión especial para la protección de los niños víctimas de estos delitos, con el objetivo de proponer nuevas iniciativas para el desarrollo de programas de ambiente seguro para los niños y mejorar los esfuerzos para la atención pastoral a las víctimas de abuso en todo el mundo.

Hace muy pocos días también los Legionarios de Cristo han celebrado su Capítulo General, luego de un camino de renovación de más de tres años. El Comunicado final de esa reunión está teñido de sincero arrepentimiento por las faltas objetivas de su fundador, las cuales asume, y por las dificultades que marcaron los primeros tiempos luego de las denuncias. Con enorme humildad, y pidiendo perdón repetidas veces a lo largo del texto, los padres capitulares se disponen a “poder redimir nuestra historia dolorosa y vencer con el bien las consecuencias del mal”, expresando su compromiso “a continuar con humildad este proceso de renovación y conversión”, que ha sido hasta el momento como “un prolongado examen de conciencia comunitario para descubrir y purificar lo que en nuestro comportamiento personal e institucional no era propio de la vida religiosa”.

Sin embargo, y a pesar de que pocas instituciones en el mundo han procedido con tanta transparencia y humildad tanto en los temas financieros como en los morales, todas estas medidas y actitudes de colaboración son ignoradas por gran parte de la prensa mundial, la cual no deja de repetir su cantilena monocorde sobre “los abusos de los curas” y “los escándalos financieros”. Y no sólo los medios lo han hecho, sino también instituciones que se supone integradas por profesionales que consideran objetivamente los temas sobre los cuales se expresan. Me refiero al último informe del Comité de los Derechos del Niño sobre la Santa Sede, el cual se dedica en primera instancia a sermonear a la Iglesia para que cambie su doctrina de siempre sobre la familia, la persona, el aborto, el secreto de confesión, la sexualidad, y otros temas conexos y disconexos. En abril comparecerá la Santa Sede frente al Comité contra la Tortura; esperemos que el informe sea menos sesgado y más verídico.

Familia y evangelización. Pero la Iglesia quiere trascender estos temas producto del pecado del hombre, y abrirse a la Gracia de Dios que la quiere evangelizadora y signo de plenitud en el mundo. Por eso, al lado de las noticias “mediáticas” también hay otras que, aunque no parecen serlo tanto, encierran una promesa de esperanza.

Como la del comienzo del consistorio extraordinario para la familia, preanuncio del Sínodo que sobre este tópico se realizará en el mes de octubre próximo. El Papa ha hecho de la familia un tema central en su pontificado. Con mirada renovada, ha recordado en la Festividad de la Sagrada Familia que la familia de Nazareth está junto a todas las familias del mundo, ya sea junto a los “migrantes y refugiados que son víctimas del rechazo y de la explotación…de la trata de personas y del trabajo que los esclaviza”, pero también junto a los ancianos y los niños, muchas veces descartados por la sociedad. Porque “Dios está allí donde el ser humano está en peligro, allí donde el hombre sufre, donde escapa, donde siente el rechazo y el abandono”, al lado de quienes son marcados “por el miedo, la incertidumbre y las penurias”. Para la Iglesia la familia está llamada cada vez más a convertirse “en comunidad de amor y de reconciliación, en la que se experimenta la ternura, la ayuda y el perdón recíproco”, y por donde pasa ante todo el anuncio del Evangelio, para alcanzar desde allí los diversos ámbitos de la vida cotidiana.

Que las campañas mediáticas y las miradas prejuiciosas sobre la Iglesia no nos hagan olvidar lo que ella tiene de sobrenatural, de profética y de Madre. El trigo y la cizaña conviven en el mismo campo, pero por la Fe sabemos que finalmente el trigo prevalecerá en la historia, y con él la gloria que Dios tiene destinada al hombre que colabora con la venida de su Reino.

Entradas relacionadas

Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *