“Tengan el valor de ir contracorriente” El Papa a los obispos y sacerdotes

En la Catedral de San Sebastián en Río de Janeiro, el Papa se dirigió a los sacerdotes y les habló sobre algunos aspectos de la vocación sacerdotal. En primer lugar, la conciencia de ser llamados por Dios. Sobre este punto, a quienes tienen la tarea de formar a los jóvenes para la misión les señaló que lo esencial “no es la creatividad pastoral, no son los encuentros o las planificaciones que aseguran frutos, sino el ser fiel a Jesús, que nos dice con insistencia: ‘Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes’ (Jn 15, 4)”. Pero este ‘permanecer’ con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. En este sentido, Francisco lamentó que “tantos hoy esperan el Evangelio, pero no hay nada que se lo ofrezca”, y por ello instó a los pastores de la Iglesia a formar discípulos, que no se queden “enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio (…). Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia. También ellos están invitados a la mesa del Señor”.

El llamado sacerdotal, en segundo lugar, implica la misión de anunciar el Evangelio. Para el Santo Padre, con los jóvenes esto se lleva a cabo sobre todo escuchándolos en cuanto a sus ilusiones, sus logros, sus dificultades: “estar sentado, escuchando quizá el mismo libreto pero con música diferente, con identidades diferentes. La paciencia de escuchar (…) en el confesionario, en la dirección espiritual, en el acompañamiento”. Llamó a saber “perder el tiempo con ellos” y a “no escatimar esfuerzos en la formación de los jóvenes”. Reconoció que “sembrar cuesta y cansa, cansa muchísimo y es mucho más gratificante gozar de la cosecha (…). Ayudar a nuestros jóvenes a redescubrir el valor y la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, es muy difícil, pero cuando un joven lo entiende, un joven lo siente con la unción que le da el Espíritu Santo, este ser amado personalmente por Dios, lo acompaña toda la vida después”.

Por último, la vocación sacerdotal implica un llamado a promover la cultura del encuentro. Arremetió el Papa aquí –y no es la primera vez que lo hace- contra la “cultura de la exclusión, una «cultura del descarte». No hay lugar para el anciano ni para el hijo no deseado; no hay tiempo para detenerse con aquel pobre en la calle. A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas están reguladas por dos «dogmas»: eficiencia y el pragmatismo (…).

Sorprendentemente, no sólo a los jóvenes el Papa ha pedido el valor de ir contracorriente, también ha insistido en este punto a los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas. Puntualmente con estas palabras: “Queridos obispos, sacerdotes, religiosos y también ustedes seminaristas que os preparáis al ministerio, ¡tened el coraje de ir contracorriente de esta cultura eficientista, de esta cultura del descarte. (…) La solidaridad y la fraternidad, son los elementos que harán a nuestra civilización verdaderamente humana (…). Debemos estar casi obsesionados en este sentido. No queremos ser presuntuosos imponiendo ‘nuestra verdad’. Lo que nos guía es la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla”.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.

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