Intelectuales sin talento, eticistas sin bondad: una enseñanza de Papa Francisco

El miércoles 17 de abril de 2013 la Facultad de Derecho de la UCA hizo su Colación de Grados. Allí, el Decano, Dr. Daniel Herrera, recordó unas palabras del Papa Francisco cuando era todavía era el Cardenal Jorge Bergoglio y Gran Canciller de la UCA, quien refiriéndose a los juristas que no vivían a fondo la justicia había dicho en una visita a la Universidad: corren el riesgo de ser intelectuales sin talento, eticistas sin bondad.

Dos días después –el viernes 19 de abril de 2013- el Papa Francisco volvía a utilizar la misma frase en el marco de la homilía que presidió en la pequeña capilla de la Casa Santa Marta donde reside y en la que participaron los empleados de la Tipografía Vaticana y del periódico de la Santa Sede, l’Osservatore Romano. La grata coincidencia me mueve a compartir algunas reflexiones sobre el tema, partiendo de la homilía que nos regala el Santo Padre.

Jesús que habla: El Papa se refirió en su homilía a las lecturas bíblicas de ese día que narraban la conversión de San Pablo y el discurso de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaúm sobre el Pan de Vida. En este marco, el Papa resaltó que un elemento común que atraviesa las lecturas es la figura de Jesús que habla: habla a Saulo que lo persigue, habla a Ananías, llamado a acoger a Saulo, y habla también a los doctores de la ley, a quienes les dice que quien no come su carne y no bebe su sangre, no será salvado.

En este marco, dijo el Papa que la voz de Jesús “pasa por nuestra mente y va al corazón. Porque Jesús busca nuestra conversión”. Así, el Papa contrapone dos actitudes. Por un lado, Pablo y Ananías, quienes responden con perplejidad, pero con el corazón abierto. Por el otro, los doctores de la ley, quienes responden discutiendo entre ellos y contestando duramente las palabras de Jesús. La respuesta de la humildad y el corazón, y la respuesta de la dureza y la cabeza.

La respuesta de la humildad: explica el Papa Francisco que la respuesta de Pablo y Ananías, al igual que tantos santos en la historia de la salvación, es la respuesta de la humildad, de aquel que recibe la Palabra de Dios con el corazón. Esta palabra de Dios busca nuestra conversión, que es compromiso de toda la persona y no sólo de la dimensión intelectual.

La respuesta de la cabeza: En cambio, el Papa llama la atención sobre la forma en que responden los doctores: sólo con la cabeza. No saben que la Palabra de Dios va al corazón, no saben de conversión”. Trasladando esta actitud a la vida de la Iglesia, nos dice el Papa que los que responden sólo con la cabeza son “los grandes ideólogos”. Y agrega: “La Palabra de Jesús va al corazón porque es Palabra de amor, es palabra bella y lleva al amor, nos hace amar. Estos cortan el camino del amor: los ideólogos. Y también el de la belleza. Y se pusieron a discutir ásperamente entre ellos: ‘¿Cómo puede éste darnos de comer su carne?’. ¡Todo un problema de intelecto! Y cuando entra la ideología en la Iglesia, cuando entra la ideología en la inteligencia del Evangelio, no se entiende nada”.

El peligro del moralismo: el Papa dice luego: “Son los que caminan sólo ‘por el camino del deber’: es el moralismo de cuantos pretenden realizar del Evangelio sólo lo que entienden con la cabeza. No están en el “camino de la conversión, esa conversión a la que nos invita Jesús”. “Y estos, por el camino del deber, cargan todo sobre las espaldas de los fieles. Los ideólogos falsifican el Evangelio. Toda interpretación ideológica, independientemente de donde venga – de una parte o de otra – es una falsificación del Evangelio. Y estos ideólogos – lo hemos visto en la historia de la Iglesia – terminan por ser, se convierten en intelectuales sin talento, eticistas sin bondad. Y no hablemos de belleza, porque no entienden nada”.

El camino del amor: ante este peligro de la ideología y los moralismos, el Papa nos invita al camino del amor: “En cambio – dijo al concluir el Santo Padre Francisco – el camino del amor, el camino del Evangelio, es sencillo: es el camino que han comprendido los santos”. “¡Los santos son aquellos que llevan la Iglesia adelante! El camino de la conversión, el camino de la humildad, del amor, del corazón, el camino de la belleza… Oremos hoy al Señor por la Iglesia: que el Señor la libere de cualquier interpretación ideológica y abra el corazón de la Iglesia, de nuestra Madre Iglesia, al Evangelio sencillo, a ese Evangelio puro que nos habla de amor, que lleva al amor y ¡es tan bello! Y también nos hace bellos, a nosotros, con la belleza de la santidad. ¡Oremos hoy por la Iglesia!”.

Algunas conclusiones: también hoy, especialmente los que trabajamos en ambientes intelectuales, corremos el riesgo de ser intelectuales sin talento, eticistas sin bondad. Ello ocurre cuando no dejamos que Dios convierta nuestro corazón, cuando nos impregnamos de ideología. ¡Cuántas veces estamos muy prestos a juzgar al otro por sus palabras y no procuramos amarlo a fondo como lo ama Dios! ¡Cuántas veces nos movemos sólo en base a nuestros propios esquemas y no abrimos la mente y el corazón para escuchar la palabra que Dios quiere decirnos!

Este riesgo del moralismo no significa la derogación de la moral. No dice eso el Papa. Pensar eso sería también una forma de ideología, ideología del relativismo. Pero no tenemos que minimizar el riesgo del moralismo, que aún hoy continúa presente como acechando a la Iglesia. Es significativo que el Papa haya hablado del tema en el marco de su encuentro con personal del diario vaticano. Es una señal hacia los que hacen comunicación en la Iglesia. Estamos llamados a comunicar la verdad, bondad y belleza de Dios, de su amor.

Cuando nos encontramos con Jesús y dejamos que cambie nuestro corazón, cambia nuestra forma de vida. Cuando nos concentramos en los aspectos moralistas, discutiendo como los doctores, entonces corremos el riesgo de agriarnos y de empobrecer nuestro mensaje.

Una gran tarea tenemos por delante: cambiar nuestro corazón permanentemente, estar atentos a la Palabra de Jesús, y desde allí salir de nosotros mismos para amar a todos con el mismo amor de Dios. Dios quiera darnos esa capacidad.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.

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