Papa del fin del mundo

La Iglesia argentina ha dado un Papa a la Iglesia universal. Para muchos católicos argentinos, el miércoles 13 de marzo poco después de las 16 hs. será recordado siempre de un modo especialísimo, con una mezcla de sentimientos encontrados y de despertar de llamados que creíamos dormidos.

La misma rara emoción que debe haber sentido la Iglesia polaca el 16 de octubre de 1978, o la Iglesia alemana el 5 de abril de 2005, la experimentamos los argentinos ayer.

Y por sobre esta conmoción, va abriéndose paso una gran pregunta: así como la elección del Card. Wojtiwa significó una revolución para la Polonia comunista, y la designación del Card. Ratzinger una fuerte interpelación para la cultura europea laicista, ¿qué nos quiere manifestar así el Espíritu Santo a los argentinos y a los latinoamericanos en general?

El continente de la esperanza, como lo llamó Juan Pablo II, atraviesa sin duda por un difícil momento que no es el caso analizar en este comentario. Vaivenes culturales, confusión en los espíritus, debilidad y cansancio en el compromiso de muchos cristianos, situaciones sociales, económicas y políticas que no ayudan, conforman un panorama que requiere interrogarnos sobre cuestiones fundamentales: qué significa ser Iglesia, cómo vivir la Fe con identidad en un mundo secularizado, cómo lograr una participación cualificada y desacomplejada de los católicos en la sociedad, la política y la cultura, cómo tonificar nuestro compromiso.

La elección de un Papa latinoamericano y argentino, de alguna manera nos interpela y sería deseable que nos impulse a encontrar las respuestas y a re-convertirnos al Señor, con renovada voluntad de testimoniar el Evangelio del amor y de la Pascua.

Y quizás sea ésta la contribución que nuestro continente puede hacer a la Iglesia universal: la de ser capaces de pararse frente al secularismo esclavizante de nuestros días para manifestar encarnadamente las razones vitales que existen para, aún hoy, seguir creyendo.

Porque la alegría que estos días experimentamos no se debe simplemente a tener un “Papa argentino”. De hecho el Papa es de toda la Iglesia; desaparecen para él las particularidades nacionales para dar lugar a la universalidad.

¿Cuál será la impronta del Papa Francisco? En poco tiempo lo sabremos. Lo que nos toca ahora es rezar por él: el Espíritu Santo le encomendó guiar a la Iglesia en tiempos de turbulencias. Como los Papas de todos los tiempos, sentirá sobre sí el peso de tamaña responsabilidad. Sería lindo que nuestra alegría por el Papa argentino se derrame en solidaridad para con él, en oración constante y en franco compromiso con la nueva evangelización de nuestros pueblos.

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Inés Franck

Abogada. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Profesora en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.

Un comentario sobre “Papa del fin del mundo

  • el 14/03/2013 a las 3:54 pm
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    Gracias Inés por tus palabras siempre tan acertadas! Seguimos unidos en la oración, junto a nuestro Papa y por toda la Iglesia!!!

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