Estamos a tiempo de empezar la cuaresma…

El 13 de febrero empezó la cuaresma y ya hemos transitado más de la mitad de este tiempo fuerte que la Iglesia nos propone para prepararnos a la Pascua del Señor. Es un buen momento para meditar si hemos puesto los medios para vivir a fondo esta cuaresma y, si no lo hemos hecho, ponernos en camino de conversión para llegar bien preparados a la Semana Santa, y si lo hemos hecho, profundizar el camino uniéndonos a Jesús.

Los medios que la Iglesia propone son bien conocidos: penitencia y conversión. No se trata de un puro ejercicio de disciplina y autocontrol, sino que se trata de morir al pecado para identificarnos con el Señor Jesús que recorre con nosotros esta cuaresma hacia su Muerte y Resurrección. Las prácticas que el Evangelio nos proponía en el miércoles de cenizas para este tiempo son bien conocidas: limosna, ayuno y oración.

Ciertamente la renuncia del Papa Benedicto XVI y los preparativos para el cónclave, junto con la abundante cobertura mediática que los temas de Iglesia han tenido en los medios, y el debate y discusión que se ha suscitado en todos los niveles de la vida social, pueden habernos distraído de la cuaresma. En realidad, tendría que ser a la inversa: la gravedad de la hora que vive la Iglesia nos tiene que comprometer a vivir a fondo la propia conversión y la propia purificación, para que resplandezca mejor el rostro de Cristo y para acompañar con la oración a la Iglesia que quiere ser siempre fiel al plan de Dios.

Algunas preguntas nos pueden ayudar en este balance de la primera etapa de la cuaresma:

Conversión: ¿He profundizado en mi propia conversión?¿Hago periódicamente un examen de conciencia para tomar conciencia del propio pecado, arrepentirme y buscar el perdón de Dios? ¿Cómo ha sido mi relación con Dios, con los hermanos, con la Creación y conmigo mismo? ¿He procurado vivir estas relaciones según el plan de comunión de Dios o he ahondado en la fractura? ¿Fui a confesarme y a reconciliarme con Dios? ¿Procuré ir a Misa con mayor frecuencia?

Limosna: ¿Cómo he vivido la limosna? ¿He ayudado a los que más lo necesitan? ¿Me interesé por los que están pasando momentos de necesidad y sufrimiento? ¿Doné tiempos, talentos y dinero para obras de caridad? ¿Estoy realizando algún voluntariado en beneficio de los más vulnerables?

Oración: ¿He rezado más intensamente durante esa primera etapa de la cuaresma? ¿He leído la Palabra de Dios, meditando y rezando con ella? ¿Cuánto tiempo dedico en la semana a la oración? ¿Cuánto tiempo dedico a una lectura espiritual? ¿He llevado a Dios las preocupaciones de cada día y las necesidades propias, de los más necesitados, de la Iglesia y del mundo? ¿Me uno a la Iglesia en la oración de la Liturgia de las Horas? ¿Cultivo mi relación con la Virgen María por el rezo del Santo Rosario?

Ayuno: ¿He vivido con fidelidad el ayuno? ¿Me supe privar de comer carne cada viernes y ofrecer este sacrificio? ¿He sabido privarme de cosas superfluas, para dedicar tiempo a Dios? ¿He ofrecido pequeñas mortificaciones por la misión de la Iglesia?

Estamos en el Año de la Fe, que nos ofrece una oportunidad única para crecer en el conocimiento del Señor Jesús, unirnos a Él y así ser capaces de amar a todos con el amor de Dios que salva y plenifica.

Todavía estamos a tiempo de empezar a vivir la cuaresma y unirnos a toda la Iglesia en esta tarea oculta pero decisiva y fecunda: salvar al mundo, no por las propias fuerzas, sino por unirnos a la Pascua redentora del Señor Jesús, que nos amó y se entregó por nosotros para que hacernos partícipes de la comunión plena de la Trinidad.

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Nicolás Lafferriere

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Católica Argentina.

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