Palabras del Cardenal Karlic en el Colegio Nacional de Monserrat


“Quiera Dios que no seamos banales, sino profundos, que no seamos parciales sino totales, que no seamos esclavos sino libres, señores de nosotros mismos”

Parte de lo dicho por el cardenal Estanislao Esteban Karlic en el Colegio Nacional de Monserrat el miércoles 19 de diciembre de 2007, en la ciudad de Córdoba, República Argentina.

“Ahora estamos eligiendo estar aquí, en cada acto de libertad tiene que traer algo de nuevo a la historia, algo de nuevo que nadie hizo y nadie podrá hacer en mi lugar.

De suerte que, para ser yo, para mi identidad, para que permanezca como yo, en la riqueza del yo tengo que ser algo más, algo distinto y nada menos que en el amor.

No solamente decimos entonces que hay un mandato de amar, sino que es el mandato de SER.

Y entonces pensemos en la Argentina, pensemos en los conflictos, en las guerras. Dejamos de ser hombres cuando nosotros nos odiamos. Estamos lastimando, hiriendo, borrando nuestra dignidad en la medida en que nosotros matamos, mentimos, pecamos. Permítanme que use la  categoría de nuestra fe. Entonces que hermoso que es vivir, ese gozo por la vida la tuvimos, y porque la experimentamos la quisimos acrecentar. Esa es la razón de la educación, hacer que el hombre sea más hombre, es decir que sea más comunión: con Dios, – decimos los creyentes -, con nuestros hermanos y con las cosas. Ser hijo, hermano y Señor. Hace poco repetía esta idea tan hermosa, que maravilla la vida del hombre, consciente de que no le basta la existencia de su singularidad, necesita a Dios para vivir su misterio, necesita a Dios para vivir su verdad. Necesita la fraternidad universal, si yo escudo uno solo de los hombres, de mi amor real, ¿Uno solo decimos nosotros? Peco, y peco gravemente para los que entendemos la distinción de pecado grave, peco contra Dios y contra mí, y contra todos. Que gozo  pensar que no todo es existir ahora, aquí con  ustedes, queriéndolos a todos. Y pienso que todos ustedes quieren que vivamos esta verdad.

Y este es el destino de hoy, y hoy es posible, es posible acá.

Dios, la humanidad, las cosas, San Juan de la Cruz decía “Soy dueño del mundo, el universo es mío”; y es verdad y no soy extranjero en ninguna parte del mundo, tampoco en el universo, la luna y las estrellas son mías, nuestras, nuestras. Esa es la primera verdad de la relación del hombre con las cosas. Esto lo aprendimos acá en la Argentina, que decidió los hombres al mundo y ahora está mandando hombres al mundo.

Nosotros tenemos que ser testigos de esa verdad maravillosa, del hombre como Señor de las cosas con sus hermanos.

Quiera Dios que nosotros que estamos en virtud y letras, empezando por la última parte, crezcamos en la verdad, y crezcamos en el Amor, como lo hicimos acá por seis años, que aprendimos a seguir viviendo con este impulso, en los años que el Señor nos fue dando. Quiera Dios que no seamos banales, sino profundos, que no seamos parciales sino totales, que no seamos esclavos sino libres, señores de nosotros mismos. El hombre es el único ser visible del universo creado que decide por sí mismo con la facultad de su señorío y su voluntad libre.

Nosotros queremos ser libres caminando por los caminos de la verdad y del amor.

Y ustedes permítanme que haga una referencia a la Virgen Santísima que ha dado nombre a esta casa, y que regaló con su imagen en nuestros años, la imagen que está puesta para veneración de los creyentes.

Acá aprendimos – es un orgullo- a vivir nuestra condición de varón, en ese momento éramos solo varones, ahora hay varones y mujeres. Permítanme esta memoria tan hermosa, yo no me acuerdo haber oído conversaciones torpes, al contrario, era hermoso ver la seriedad con la que nosotros vivimos nuestra virilidad.

Que le pido al Señor?, que esa identidad, la identidad de cada uno de nosotros, sea cultivado, porque las diferencias nos son sino para especificar las donaciones.

Nadie tiene derecho a poseer algo, sino para compartirlo, de una u otra manera según nos lo pida Dios. Solamente pedimos lo que tenemos cuando lo estamos compartiendo, solamente en el compartir acabamos de tener. Porque esa es la vida de la condición humana como condición de comunión, la fraternidad. Y mientras nosotros no vivamos ejerciendo la fraternidad, estamos en falta, estamos dejando de ser. La Virgen era nuestra Madre, nuestra educadora, celebrábamos su fiesta con solemnidad, con respeto, con gran alegría, con un respeto increíble  por los que no compartían nuestra misma fe.

Que formidable era aquello, y lo seguimos viviendo. Por eso sabemos que como  le oí a una persona no hace poco, donde está el amor está Dios, y por esos acaba de estar el hombre, por eso le pido al Señor que esta casa sea una casa de la verdad de apasionados por la verdad, donde se aprenda el amor, el amor hasta el fin.

Y termino como terminamos los creyentes con una palabra judía preciosa Amén, que quiere decir verdad, certeza, que quiere decir compromiso, que quiere decir quiero llegar hasta el fin, entonces que los Argentinos, los hombres de hoy seamos capaces de asumir proyectos y llevarlos hasta el fin para que seamos cada vez más personas llenas de virtud y de letra, capaces de difundir la verdad y hacer posible el amor”.

19 de diciembre de 2007

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