Claves para el diálogo con el mundo

Las catequesis del Papa sobre la Fe

Desde hace varios miércoles el Papa está desarrollando su catequesis sobre la Fe. Semanalmente el Santo Padre reflexiona encarnadamente, intentando alcanzar una mayor cercanía con los interrogantes y preocupaciones del hombre de hoy, a fin de ayudarlo a perseverar o retomar y, en todo caso, a dotar de un sentido cada vez más rico, su peregrinar en el mundo.

Resumimos aquí las dos últimas catequesis del Santo Padre del mes de noviembre

 

Sexta catequesis: la razonabilidad de la Fe. En la catequesis del 21 de noviembre se nos afirma que la Fe es “un modo alegre de estar en el mundo”, y el Papa reflexiona sobre la razonabilidad de la fe en Dios.

Que la Fe implique el misterio no nos habla de irracionalidad, sino de “sobreabundancia de sentido, de significado, de verdad” (…). Es como cuando los ojos del hombre se dirigen directamente al sol para mirarlo: sólo ven tinieblas; pero ¿quién diría que el sol no es luminoso, es más, la fuente de la luz? La fe permite contemplar el «sol», a Dios, porque es acogida de su revelación en la historia y, por decirlo así, recibe verdaderamente toda la luminosidad del misterio de Dios, reconociendo el gran milagro: Dios se ha acercado al hombre, se ha ofrecido a su conocimiento, condescendiendo con el límite creatural de su razón. Al mismo tiempo, Dios, con su gracia, ilumina la razón, le abre horizontes nuevos, inconmensurables e infinitos. Por esto la fe constituye un estímulo a buscar siempre, a nunca detenerse y a no aquietarse jamás en el descubrimiento inexhausto de la verdad y de la realidad”.

En el Evangelio, dice además el Papa, “se inaugura un nuevo humanismo, una auténtica «gramática» del hombre y de toda la realidad”.

Séptima catequesis: ¿cómo hablar de Dios al hombre de hoy? El 28 de noviembre el Papa se plantea cómo hablar de Dios en nuestro tiempo. Antes que cualquier respuesta a este cuestionamiento, el Santo Padre nos aclara que “nosotros podemos hablar de Dios porque Él ha hablado con nosotros. La primera condición del hablar con Dios es, por lo tanto, la escucha de cuanto ha dicho Dios mismo”. Sólo si hemos hablado con Dios, si hemos vivido este diálogo personal con Él vamos a poder llevar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo “no un Dios abstracto, una hipótesis, sino un Dios concreto, un Dios que existe, que ha entrado en la historia y está presente en la historia; el Dios de Jesucristo como respuesta a la pregunta fundamental del por qué y del cómo vivir”. Para nosotros, “hablar de Dios requiere una familiaridad con Jesús y su Evangelio; supone nuestro conocimiento personal y real de Dios y una fuerte pasión por su proyecto de salvación, sin ceder a la tentación del éxito, sino siguiendo el método de Dios mismo. El método de Dios es el de la humildad (…). Es necesario no temer la humildad de los pequeños pasos y confiar en la levadura que penetra en la masa y lentamente la hace crecer”.

También las comunidades cristianas “están llamadas a mostrar la acción transformadora de la gracia de Dios, superando individualismos, cerrazones, egoísmos, indiferencia, y viviendo el amor de Dios en las relaciones cotidianas”.

Al interrogarse sobre cómo comunicaba Jesús mismo, el Papa se detiene en la forma de mirar a los hombres: con mirada llena de compasión por los malestares y las dificultades de la existencia humana, interesándose por cada situación concreta, sumergiéndose “en la realidad de los hombres y de las mujeres de su tiempo con plena confianza en la ayuda del Padre”. A fin de poder compartir esta mirada de Jesús, es necesario “estar atentos para percibir los signos de los tiempos en nuestra época, o sea, para identificar las potencialidades, los deseos, los obstáculos que se encuentran en la cultura actual, en particular el deseo de autenticidad, el anhelo de trascendencia, la sensibilidad por la protección de la creación, y comunicar sin temor la respuesta que ofrece la fe en Dios. El Año de la fe es ocasión para descubrir, con la fantasía animada por el Espíritu Santo, nuevos itinerarios a nivel personal y comunitario, a fin de que en cada lugar la fuerza del Evangelio sea sabiduría de vida y orientación de la existencia”.

En esta Catequesis el Papa dedica algunos párrafos a recalcar la importancia de la familia como lugar privilegiado para hablar de Dios, donde los padres pueden ejercer la “vigilancia” que les permita “aprovechar las ocasiones favorables para introducir en familia el tema de la fe y para hacer madurar una reflexión crítica respecto a los numerosos condicionamientos a los que están sometidos los hijos”.

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