El testimonio del Papa sobre el espíritu del Concilio

El 11 de octubre de 2012 Benedicto XVI nos contaba su vivencia personal del Concilio. Recordaba cómo, aquel 11 de octubre de 1962 había visto el ingreso solemne de más de dos mil padres conciliares en la basílica de San Pedro en Roma. “Fue emocionante –dijo el Papa- ver entrar a los obispos procedentes de todo el mundo, de todos los pueblos y razas: era una imagen dela Iglesiade Jesucristo que abraza todo el mundo, en la que los pueblos de la tierra se saben unidos en su paz. Fue un momento de extraordinaria expectación. Grandes cosas debían suceder. Los concilios anteriores habían sido convocados casi siempre para una cuestión concreta a la que debían responder. Esta vez no había un problema particular que resolver. Pero precisamente por esto aleteaba en el aire un sentido de expectativa general: el cristianismo, que había construido y plasmado el mundo occidental, parecía perder cada vez más su fuerza creativa. Se le veía cansado y daba la impresión de que el futuro era decidido por otros poderes espirituales”.

A pesar de esto, el espíritu de los padres conciliares, nos dice el Papa, fue de continuidad y no de ruptura: “los padres conciliares no podían y no querían crear una Iglesia nueva, diversa. No tenían ni el mandato ni el encargo de hacerlo. (…). Por eso no podían y no querían crear una fe distinta o una Iglesia nueva, sino comprenderlas de modo más profundo y, por consiguiente, realmente ‘renovarlas’”.

En la homilía del pasado 11 de octubre, el Papa agregaba que “durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante (…) es que se reavive en todala Iglesiaaquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo”.

La riqueza dada por la participación de obispos de todo el mundo se puso de relieve en la diversidad de ideas y puntos de vista que hubo en las sesiones del Concilio. En efecto, “el énfasis se ponía en aspectos completamente diferentes, pero había algunas prioridades comunes. Un tema fundamental era la eclesiología, que debía profundizarse desde el punto de vista de la historia de la salvación, trinitario y sacramental; a este se añadía la exigencia de completar la doctrina del primado del concilio Vaticano I a través de una revalorización del ministerio episcopal. Un tema importante para los episcopados del centro de Europa era la renovación litúrgica, que Pío XII ya había comenzado a poner en marcha. Otro aspecto central, especialmente para el episcopado alemán, era el ecumenismo: haber sufrido juntos la persecución del nazismo había acercado mucho a los cristianos protestantes y a los católicos (…). Los franceses destacaban cada vez más el tema de la relación entrela Iglesiay el mundo moderno (…). Aquí se tocaba el punto de la verdadera expectativa del Concilio”.

Estos temas están en la base del camino de formación laical que, desde el Movimiento FUNDAR, queremos proponer para el Año de la Fe y que tendrá en el Congreso “La nueva evangelización a los 50 años del Concilio Vaticano II” un hito fundamental a realizarse los días 2 y 3 de noviembre de 2012 en Buenos Aires.

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