San Juan Bautista y su mensaje al hombre de hoy

En la audiencia general del pasado miércoles 29 de agosto, el Papa, refiriéndose a San Juan Bautista, nos dejó una verdadera enseñanza acerca de la valentía del testimonio cristiano.

Benedicto XVI hizo hincapié en la especial relación de San Juan Bautista con la verdad, poniéndolo de modelo para toda la Iglesia. El santo, afirmó, no se limitó a “predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como el ‘Cordero de Dios’ que vino a quitar el pecado del mundo”, tuvo “la profunda humildad de mostrar a Jesús como el verdadero Mensajero de Dios, haciéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido”.

El Bautista “no calló la verdad y por eso murió por Cristo, quien es la Verdad”. Este amor a la Verdad, cultivado en la oración, lo llevó a “dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de Dios”.

El Papa pone así a San Juan Bautista como modelo de compromiso apasionado de resistencia contra los poderosos, ya que “no se puede descender a componendas con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana requiere, por así decirlo, el “martirio” de la fidelidad diaria al Evangelio”. Y prepara a quienes sean fieles a esta Verdad y no admitan darle la espalda ni ceder en su testimonio, para padecer sufrimientos e incluso el martirio.

La invitación de San Juan Bautista en su tiempo fue la de “preparar el camino para acoger al Señor, para enderezar las sendas torcidas de la vida a través de un cambio radical del corazón”. Sabemos los cristianos que éste mensaje nunca es receptado sin exigir de quien lo da, de alguna manera, el testimonio de la propia vida. No se puede acompañar a los hermanos por el camino de la conversión sin estar dispuestos a entregar la vida. Al Bautista se le exigió de manera radical. Quizás a nosotros, católicos del siglo XXI, no se nos pida de la misma manera. Pero la disposición a dar la propia vida debe ser característica de quienes quieren seguir al Señor sin componendas. Es una consecuencia necesaria de la dimensión pascual que el Señor Jesús nos enseñó a través de su Cruz y Resurrección.

En un tiempo en donde parecen estar de moda las componendas, los arreglos, las transacciones y todas las maneras de dar la espalda a la Verdad, maquillando esta actitud con criterios del mundo, la figura del Bautista es un feliz aunque incómodo recordatorio del llamado más profundo del cristiano: entregar la propia vida por Cristo, para recobrarla luego a través de la Resurrección.

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